El Plan E tenía trampaLa España de Curro Jiménez
Miles de españoles se lanzaron a adquirir vehículos ante la oferta del Gobierno de ayudas económicas, pero la propuesta tenía trampa.
El famoso salteador de caminos español que a mediados del siglo XIX forjó una leyenda a lo Robyn Hood, acabando por ser abatido por la Guardia Civil en 1849, ha servido siempre como ejemplo recurrente para retratar cualquier acto posterior que tenga un significado de acoso monetario del tipo: "la bolsa o la vida".
Y qué mejor ejemplo para retratar a la Administración española en el reciente caso de las ayudas a la compra de automóviles.
Para los lectores que no estén al corriente, les referiré brevemente, que el Gobierno español propuso un plan de ayudas para fomentar la adquisición de automóviles. El Plan E, consistía en dar 2.000 euro de ayuda, repartido entre la ayuda estatal, la ayuda comunitaria de las autonomías, y las propias marcas de automóviles al que cambiase un coche con más de 10 años por uno nuevo. La gente se animó ante la oferta, y se lograron vender más de 250.000 vehículos acogidos a este Plan, de los que se calcula que al menos 90.000 de ellos fueron operaciones directamente promovidas, que de otra forma no se habrían realizado. Digamos por tanto que el resultado de la operación fué positivo.
Ah¡, pero faltaba un detalle fundamental. Cuando el Gobierno habló de este Plan, no añadió nada más. Estaban callados como putas, y como salteadores de caminos, ahora la Hacienda Pública, dice que hay que declarar las ayudas como un ingreso en la declaración de la renta anual; el Fisco dice que es un ingreso, y que computa.
Ahora díganme si esto es serio en un país que se considera avanzado y no una República Bananera.
La pregunta es obligada: ¿Por qué no se dijo entonces, cuando se propuso el Plan que las personas que se acogiesen al mismo tendrían que declarar ese dinero en su resumen anual ante Hacienda? No creo que haya nadie que sea capaz de contestarla.
Naturalmente, muchos miles de los ciudadanos que se vieron impulsados por la oferta estatal, no habrían realizado la adquisición del automóvil si se hubiese añadido la coletilla del impuesto posterior. Así que el acto constituye en sí mismo un atraco como los que realizaba Curro Jiménez en la Serranía de Ronda hace más de un siglo.
Hay que tener la cara tan dura como el cemento para ser capaces de proponer semejante Plan a sabiendas de que la Hacienda Pública española iba a reclamar su declaración como ingreso. Naturalmente, todos pensamos que estaba implícita en la propuesta que esa ayuda estaría exenta de tributo, era lo lógico, porque sino, ya no era una operación atractiva. Pero, como en la letra pequeña de los contratos, la puñalada trapera estaba prevista, y ellos lo sabían.
La Hacienda Pública esperó a que se acabase el Plan, para salir ahora advirtiéndolo: hay que declararlo, y el Gobierno, hace mutis por el foro y mira para otro lado.
Curro Jiménez ha vuelto.






