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Zapatero y su Waterloo
Las ironías de la vida
Hay que ver qué ironías nos depara la vida. Nuestro presidente nunca hubiese imaginado que después de 30 años de un régimen llamémosle “abierto”, donde al menos podemos votar, eso sí, a una lista cerrada, iba a ser él,  que anunciaba a bombo y platillo la era del talante, el que iba a producir los cambios más antisociales de este periodo.
 Este personaje, que me recuerda a mi delegado de curso de primero de carrera, provisto de todos los diplomas virtuales del pensamiento de los ilusos (pacifista, antinuclear, ecologista, feminista, etc), añadió uno  propio que dio en llamar “alianza de civilizaciones” , y que conecta perfectamente con la idea de los salvadores de la humanidad que todavía piensan que los hombres nacemos buenos, pero nos pervierte y deforma la sociedad.
Mal sabía él, que la carambola de un atentado, iba a permitirle dirigir los destinos de España. Y ahí se puso, y una vez entronizado sintió la voz del destino sublime al que sin duda se sentía llamado. Ahora iba a ser posible realizar sus sueños de cambiar este país más de lo que habría imaginado Alfonso Guerra.
Claro que para semejante misión, necesitaba de algunos colaboradores. Y escogió lo mejor de cada casa, investidos todos en las fuentes de la sabiduría y la experiencia, y provistos de un curriculum epatante. Naturalmente era necesario que el reparto de carteras ministeriales fuese fifty-fifty (hombre-mujer), porque lo importante no era tener a los mejores en el equipo, sean mujeres u hombres, sino que se viese ostensiblemente su lado feminista. Con esto demostró que estaba poseído de un feminismo de chancleta, en lugar de valorizar a la mujer por sus méritos reales frente a hombres peor preparados.
Atravesamos con él la peor etapa de relaciones internacionales, hermanándose con lo mejor de los dictadores de más casta: Chavez, Castro, Evo Morales, etc., y denostando a los imperialistas yankis que salvaron a Europa cuando él todavía no había nacido.
Negó con rotundidad la monumental crisis económica, y se gastó en piruletas el superavit que le quedó en herencia, con el que habría podido ayudar a miles de empresas ahogadas por las deudas de las administraciones.
Y ahora, una vez caído del árbol a la dura realidad del suelo, ahora congela pensiones, rebaja el sueldo a funcionarios, deja tirados a los parados de larga duración y eleva la edad de jubilación, dejándonos además una deuda  económica que seguirán pagando nuestros nietos.
Si este personaje tuviese un gramo de dignidad, debería salir en lugar del rey en el  mensaje de Navidad, pedir perdón a la sociedad y marcharse a su casa.
Y no olvide el lector, que ZP tendrá una paga de por vida por haber dejado este país en la ruina actual. Al menos Napoleón, pagó caro su Waterloo.
17.12.2010 Rafa Cid
 
Tromboccini
¿Qué es esto de tromboccini…?
En los años setenta, el que quisiese tener un coche con alguna prestación, tenía que recurrir a los pocos preparadores que con cierta garantía y bastante desembolso te podían satisfacer dignamente.
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