Ford RangeEste bourbon no es de Kentucky
La más peculiar novedad de Ford de cara al año 2000 la constituye la introducción del pick-up Ranger. Ford, curiosamente, da tanta importancia al Ranger que en su carpeta de prensa viene situado en segundo lugar tras el Fiesta. Se trata de un pick-up medio (aún los hay más, más, más grandes) que se venderá en versión doble cabina cuatro puertas/cinco plazas, una variante de carrocería que se ha puesto muy de moda últimamente. Pero, en un imperdonable lapsus de mercadotecnia, Ford no ha incluido ciertos detalles esenciales para vivir la verdadera experiencia del pick-up americano. Ningún pick-up está completo si carece de varias latas desperdigadas de cerveza (vacías y llenas), una bandera confederada en el parachoques, unas cajas de ‘shine (moonshine, whisky destilado ilegalmente), un Ruger 0.300 con balas de punta explosiva y faros auxiliares de 200 watios, de esos que ciegan sin remedio a los ciervos. Para poder entender el alcance de la imagen de la cultura pick-up en los EEUU, habría que incluir también un visionado de Mississippi Burning y una carta de presentación para la agrupación local del Ku-Klux-Klan.
Pero habrá que contentarse con lo que hay. Del interior del Ranger, Ford dice que no tiene nada que envidiar al de un turismo. Es verdad que la primera impresión es la de ir en un Granada de mediados de los ochenta: mucho plástico negro brillante y formas menos redondeadas que ahora. La capacidad de carga es de 700 kilos, lo que resulta más que suficiente para llevar una Harley atrás, por si se avería el bicho. Un signo ominoso, como se verá (¿quizá el sueño de la supremacía WASP, que empieza a torcerse?), es que el motor no es un V8 SHO de siete litros, sino un turbodiesel doce válvulas de 2,5 litros y 109 caballos, especialmente diseñado “para evitar ruidos y vibraciones”, que reparte su fuerza a las cuatro ruedas mediante una caja de cambios de cinco velocidades. Todos los Ranger dispondrán de un diferencial (no dos, ni tres) autoblocante y de bujes libres de bloqueo automático delante. La dirección va asistida de serie. El chasis es separado, naturalmente, de tipo escalera, con refuerzos cruciformes, y la suspensión es de eje rígido con ballestas atrás y triángulos superpuestos delante. Es una solución afinada y que resulta improbable que dé problemas.
La gran desilusión es que el Ranger no se monta en Detroit, la cuna del sonido Motown, para uso y disfrute de pacíficos granjeros (y rednecks amenazadores que piensan que Clinton es un agente comunista), sino en Thailandia —el segundo mercado mundial, dice Ford, para vehículos pick-up— en una planta utilizada conjuntamente con Mazda, que también contribuyó en el desarrollo del Ranger y que, no hay que olvidarlo, está ampliamente participada por Ford. Por el privilegio de conducir este pedazo de ingeniería americanojaponesa fabricado en la patria del masaje de pie, Ford espera extraer del respetable la no tan respetable cifra de 3.200.000 pesetas en la versión sin aire acondicionado.
Que cada uno haga sus cuentas. Probablemente el Ranger es muy bueno, bastante bueno e incluso muy sólido y fiable, como corresponde a un producto Ford. Pero tiene tanto de Born in the USA como un Mitsubishi o un Nissan o un Toyota, que también están muy presentes en este segmento (aunque con motores de rendimiento más interesante).
Es tan sólo una muestra de lo cínico que puede ser el márketing... o quizá de la razón por la que no se incluyen las cervezas, el whiskey, la bandera de Dixie, el rifle, la pegatina del Klan, etc...
Sin duda existe un mercado emergente en este país para vehículos del estilo del Ranger, pero que fueran bastante menos utilitarios y se centraran más en el placer de conducir. También puede que se trate sólo de un tanteo: si el experimento tailandés tiene éxito en España, podría ser que los cerebros de Dearborn decidieran desviar algunos V6 o V8 para este mercado.
Pero tal como se está vendiendo, el Ranger parece estar más cerca de las graciosos chasis-cabina con panel de madera que tanto se ven en el país vecino, famosas por su bajo precio, dureza y lentitud, que del coche que conduce el sargento Riggs (más conocido como Mel Gibson) en Arma Letal.






