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Tuning
La caza del elefante
Actualmente, las revistas de coches que más se venden en España son las de tuning. Seguramente muchos de ustedes apenas han oído pronunciar ese vocablo, pero a unos cuántos cientos de miles les produce un embeleso y pasión que ya quisiéramos para nosotros (por lo de cientos de miles, no por otra cosa). El caso es que toda la vida cazando elefantes (vendiendo revistas) y apenas saber de qué color son, es un tanto patético, pero real, y nos ocurre a mis colegas de otras publicaciones y naturalmente a nosotros (con mayor motivo ya que somos nuevos), porque una gran parte de clientes dispuestos a gastarse dinero y comprar una revista de coches, es público objetivo (como dicen los de marketing) de revistas de tuning. Y como afirman los expertos, contra el mercado (la corriente), no se puede luchar.
¿Quiere esto decir que a partir de ahora vamos a tunar también en esta revista? Con todos nuestros respetos, líbreme Dios; seguiremos en la pista del elefante, trataremos de percibir su olor, después avistarlo para conocer su color, y quién sabe si algún día apresarlo en nuestras redes.
Esto se veía venir. Nuestros jóvenes de hoy, apenas pudieron ver películas americanas con la rubia y el descapotable, tampoco han conocido ni de referencias todos los mitos y leyendas que han inspirado a los jóvenes de dos o tres generaciones más atrás, así que...
Hace unos años empezaron con los equipos de 300 watios y la ventanilla abierta para que saliese el bacalao, y ahora han hecho causa común con la moda centroeuropea más macarra y de nuevo kitsch metálico. Los alerones, los aletines, las llantas más osadas; todo se puede cambiar, y de hecho todo se cambia por algo más llamativo, más despampanante. Y luego vienen los colores; tienen que ser algo rompedor: lilas, pistachos, fucsia, cosas que no sean antiguas...
El caso es que esta fiebre del tuning ha hecho presa en algunos colegas que se han rendido, introduciendo en sus revistas reportajes y encartes sobre el particular para tratar de captar esa clientela, pero corriendo el peligro de perder a otros que eso del tuning le suena como un insulto.
Toda la vida hubo gente a la que le gustaba eso de tener iconografía de la competición. Si montaban unas llantas Minilite era porque las llevaban los Cooper de Aaltonen-Liddon y Makinen-Easter, si eran Cromodora  se trataba del fetiche de Munari-Manucci, e incluso había gente que colocaba pegatinas de Parmalat, porque patrocinaban a Niki Lauda, aunque ni sabían que se trataba de productos lácteos. Pero era simplemente eso. Lo de colocarle al coche elementos estrambóticos, hoy no tiene ninguna intención de querer trasmitir: “soy forofo de...”,  es simple y llanamente querer llamar la atención, ser diferente, porque parece que siendo diferente se es alguien, y si además se llama bastante la atención, pues mejor que mejor.
Seguramente habrá que esperar otro siglo a que algún editor español de revistas del motor (no de tuning) pueda presumir de vender trescientos mil ejemplares como hoy día es un lugar común para los editores británicos, franceses o alemanes.
Pero, ¿cómo lo haremos?
01.06.2001 Rafa Cid
 
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