Montecarlo 1976El sueño de Montecarlo
En los años sesenta apenas teníamos una revista de coches que leer como no fuesen las extranjeras que devorábamos tal que fuesen noticiarios de un mundo irreal. l’Auto-Journal o l’Automobile eran una especie de biblias para mitigar nuestra sed de algo que presentíamos cómo debería ser en realidad, pero que apenas podíamos contemplar en vivo. Sólo en las páginas de estos rotativos podíamos leer: “Timo Makinen entrena en el Turini. El piloto finlandés utiliza la técnica del derrapaje controlado, usando el freno de mano en las horquillas o el pie izquierdo...”
Este había sido un reportaje de l’Auto-Journal en el que se veían una serie de instantáneas del piloto finlandés entrenando entre las poblaciones de Moulinet y Bollene, los dos pueblos entre los que se encuentra el Col de Turini.
Y a mí personalmente aquello me marcó para toda la vida. Era demasiado. Leí el reportaje ocho o diez veces, y me lo sabía casi de memoria. ¡Así que se podía tirar del freno de mano, y frenar con el pie izquierdo...! No tardamos en ponerlo en práctica, –lo del freno de mano fue bastante rápido, lo del pie izquierdo se demoró un poco más–. La ciudad Universitaria de Madrid tenía una zona estupenda llena de grava en las inmediaciones de la facultad de Ingenieros de Montes, donde íbamos de noche a practicar...
Lo de Makinen y el Montecarlo había entrado en nuestras vidas, y naturalmente hacia mediados de mes, el Montecarlo pasaba por Madrid, ¡ y venía Makinen !
Efectivamente, las instalaciones del RACE en José Abascal, iban a ser un control de paso para los participantes que tomaban la salida en Lisboa. Aquello fue el abrocharse. Cada Mini que llegaba montaba su numerito en la calle, y el respetable disfrutaba de lo lindo. Los pilotos subían al Club unos minutos, tomaban un refrigerio y se volvían a marchar hacia el siguiente control de paso con dirección a Burgos y la frontera francesa. Recuerdo que los seguimos en un Seat 600, hasta que los perdimos de vista.
Pocos años después, fuí a ver el rally en directo y me juré que algún día tendría que estar allí, para nada concreto, pero poder vivir de verdad aquel sueño de juventud, de pasión por un mito viviente.
Y así fue. Hoy se lo cuento en un artículo dentro de la sección “nevera/deporte” y donde también podéis ver algunas fotos del BMW 2002 tii con el que soñamos despiertos en 1976.
Años después, la FIA se cargó los recorridos de concentración, se cargó la noche del Turini, y han dejado el rally francés convertido en poco menos que un paseo para aprendices de autoescuela. Ellos nunca habían soñado.






