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Augas Santas
El ecuador de mis vacaciones me anuncia que todo lo bueno se acaba, que debo aprovechar el tiempo que todavía me queda y reponer ánimos y fuerzas para retomar “la vida” o lo que hemos dado en llamar vida, como si vida fuera aquella y no ésta, me refiero a las vacaciones.



Los compromiso, las prisas, horarios y objetivos quedan para dentro de unos días, hoy quiero disfrutarlo todo, voy a vivir el primer día del resto de mis vacaciones. Las gotas que la lluvia de esta noche dejó sobre el suelo de la terraza, el sol que ha acabado por imponerse, el ligero aroma de Madreselva o la voz rota de Rod Stewart interpretando su, ya muy nuestro, Maggie. Todo parece ponerse en mágica complicidad a favor de nuestro alegre compromiso, hoy sólo cosas felices.
Me he levantado más temprano de lo que viene siendo habitual, una vez mas he pretendido hacer un apunte del puente de La Ramallosa y captar la luz de esa hora de la mañana, no es fácil, lo sé, pero el compromiso es suficientemente atractivo como para hacerme madrugar un poco más, la otra “tarea” para mi jornada de vacaciones.
Santa Mariña de Augas Santas, los buenos momentos vividos en compañía de Suso compañía y su familia, en su casa de turismo rural próxima a Allariz, no puede ser mejor oferta para mi compromiso de “sólo cosas felices”. Desde hace ya algunos años, en nuestras primeras andanzas en esto del turismo rural, la villa de Allariz, declarada conjunto histórico-artístico nacional, y su Muiño do Briñal, donde convivimos con un grupo de estupendos amigos, dejó en nosotros un grato recuerdo. Fue en esta ocasión cuando, dejándonos llevar por la mística, el particular atractivo del lugar y un buen consejo, visitamos, por primera ocasión, Santa Mariña de Augas Santas, y fue entonces, también, cuando fruto del destino, nos fotografiamos sobre el balcón de madera de una casona rural de aspecto ruinoso. Esa casa es hoy, unos años y mucho trabajo después, la casa de turismo rural de Santa Marina de Augas Santas, a escasos kilómetros de Allariz en la provincia de Orense.
No tengo que hacer un gran esfuerzo por recordar las pocas, pero agradables, horas vividas en compañía de Suso, su mujer Marina y Brais el hijo de ambos, la joya de la corona. Apenas algo mas de una semana ha trascurrido desde entonces, pero estoy absolutamente convencido de que difícilmente podré olvidarme de los detalles y atenciones que, con la mayor naturalidad me han ofrecido, cuestión de estilo.
Suso compañía, hábil comunicador, no en vano su vida profesional ha trascurrido en el mundo de la comunicación y el periodismo, ahora metido a hostelero, nos relata con detalle la evolución de la reconstrucción de la casa, como a pesar de una minuciosa previsión las dificultades son siempre difíciles de calcular y les obligan a plantearse, en un momento de la obra, a abandonar el proyecto. Afortunadamente la ilusión pudo más y con el esfuerzo de todos aquellos a los que Suso supo cautivar con su sueño, en especial a la familia de Marina, su mujer, hoy es ya una realidad de la que pueden sentirse orgullosos, muy orgullosos. La reconstrucción de la casa, de más de doscientos años de antigüedad, es casi absoluta, pues se han tenido que rehacer piedra a piedra todos los muros de la misma, manteniendo las piedras originales y añadiendo otras de la misma época, procedentes de derribos de la localidad. El resultado final es bueno, el respeto por mantener la originalidad de la casa, creando estancias agradables y confortables en un entorno rústico, es el fruto de un trabajo bien hecho.
Marina García Gavilanes, miembro de una familia afincada en Santa Mariña desde siglos pasados, ama a su pueblo, ama a la gente y ama su trabajo. Sin dejar de preocuparse por los huéspedes que se alojan en la casa, me cuenta como quiere que se sientan las personas que deciden pasar unos días en su compañía, como trata que estén plenamente a gusto y como sufre si no lo consigue. Marina es especial, figura escrito en las notas que tomo de nuestra conversación, Marina es muy especial.
Si algún hueco queda por cubrir en lo que la Casa Grande de Santa Marina de Augas Santas ofrece, si la magnífica reconstrucción, el cuidado detalle de acabados, su decoración, las confortables estancias y el sereno entorno que la rodea, si el trato personal y amable, las atenciones, si el afán de agradar de las personas que convivirán con nosotros en nuestra estancia en la hospedería, si algo queda por llenar, Brais, el pequeño protagonista de esta historia a tres voces, acabará por llenarlo con su sonrisa, con sus gracias, con su beso de despedida. El pequeño hijo de Marina y Suso, ese angelote sin alas, o con ellas, no me he fijado bien, formará ya parte de la historia de nuestro recuerdo de Santa Marina de Augas Santas.
La Casa, perfectamente identificable, inmersa en la tranquilidad del pueblo, dispone de seis habitaciones dobles con baño con posibilidad de cama supletoria. La piedra de los muros, protagonista en todo el conjunto, marca el carácter predominantemente rústico que sus propietarios han querido mantener. La madera de puertas y ventanas, así como el entarimado de los pisos y la estructura de la techumbre proporcionan un ambiente cálido y confortable en perfecta consonancia con los muebles, algunos recuperados de la propia casa y otros fruto de una labor de búsqueda en las localidades del entorno. Detalles de decoración y originales en pintura y grabado acompañan cuidados temas fotográficos, pues entre las múltiples habilidades de Suso compañía, la fotografía merece una especial atención, muestra de una gran sensibilidad.
Un amplio salón con chimenea biblioteca y salón-comedor completan las instalaciones del interior. El jardín que rodea la casa, un pequeño huerto donde podremos iniciarnos o mantener nuestras mañas en las tareas agrícolas y la piscina de piedra, rodeada de arboleda, completan las instalaciones que el huésped puede disfrutar.
Pasar unos días en la provincia de Orense y “no ir bien comido”, como se dice aquí, es tarea difícil. Los productos del campo, carnes y pescado son los ingredientes de una variada oferta de cocina regional de la que Marina recoge en sus menús platos tan sugerentes y sabrosas como el solomillo con champiñones, revuelto de grelos con gambas, pimientos de Arnoia, bacalao y a los postres Chuies preparados con harina, huevos y leche, productos naturales que el entorno en el que nos encontramos ofrece.
Las posibilidades de ocio son aquí muy diversas, la cercanía de la villa de Allariz,”Llave del reino de Galicia”, ofrece una gran variedad de visitas culturales donde apreciar la grandeza del románico, Iglesia de Santiago, Santa María de Vilanova, Iglesia de San Pedro, Santo Estevo,Puente de Vilanova o construcciones de interés como el Real Monasterio de Santa Clara, con su museo de arte sacro, Capilla Santuario de San Benito y un larguísimo recorrido por la cultura, la artesanía, el arte y la historia de la que Allariz es un claro ejemplo de conservación y respeto por su pasado y que gustoso comparte con el visitante.
La propia iglesia de Santa Mariña de Augas Santas,en la localidad donde nos encontramos, templo románico construido a finales del siglo XII, refleja la importancia de esta localidad en otros tiempos, ubicada en el trazado orensano del camino de santiago.
Paseos en embarcación por los cañones del Sil, visita a la Ribeira Sacra, termalismo en el balneario de Lobios, descensos en canoa en el rio Arnoia, senderismo, equitación, parapente, son diversas ofertas de ocio y deporte-aventura que la Casa Grande de Santa Marina de Augas Santas y su entorno nos permiten. La visita al refrescante e interesante parque Do Reixo, ecoespacio que bajo la dirección del escultor Agustin Ibarrola funde el arte con la naturaleza en una amplia extensión a orillas del río Requeixo, pondrá punto final a una estancia que puede resultarnos tan gratificante como recomendable.
La niebla de la mañana, que procedente del mar llega hasta mi terraza, comienza a disiparse, suena música agradable. Recordar a Marina, a Brais, a Suso, su ilusión, su esfuerzo, recordar los momentos vividos en la Casa Grande de Santa Marina de Augas Santas ha puesto muy alto el listón a mi compromiso personal de “hoy sólo cosas felices”.


GALERÍA FOTOGRÁFICA



Francisco Rodríguez
 
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