A Nugalla
La pereza, "A Nugalla", pues esa es la traducción al castellano, la pereza, digo, sin duda tiene para nosotros diversos significados. En el recuerdo quedan ya las amenazas con las que nuestras madres y abuelas nos “convencían” a dejar la pereza que, en las frías mañanas de invierno, nos atrapaba al cobijo de las sábanas de nuestra dulce y cálida cama. La pereza fue la causante, también, de que no acabásemos nuestros deberes escolares, de que no arreglásemos nuestro cuarto ó incluso de alguno de nuestros suspensos. Años mas tarde, durante aquellas tétricas tardes de ejercicios espirituales, nos enteramos de que aquel suave placer era pecado y no un pecado cualquiera, era un pecado capital, y aquello debía ser muy fuerte, a juzgar por la gravedad de la voz del Padre Jesús: “pecado capital” decía, volviendo la mirada hacia las alturas y encogiéndose de hombros, como esperando la demostración empírica de los cielos que acreditase la gravedad del asunto que estábamos tratando. Pecado capital, muy fuerte sobre todo para nosotros que somos de provincias. Algunos años después, mas vividos y mas sabio, perdido el miedo y parte de nuestra inocencia, conseguimos dominar la pereza, dándole así un nuevo significado, la disfrutábamos en nuestros momentos de ocio ó de evasión, aprendimos a compartirla, a deleitarnos en ella, a utilizarla en nuestro provecho, incluso, en dosis adecuadas, como terapia anti estrés.
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Con nuestra estancia en el Pazo-hospedería A NUGALLA, la pereza adquiere un último y nuevo concepto. De la mano de Marisa y Antón, sus propietarios, vamos a elevarnos en el conocimiento sobre el tema a unos niveles que jamas hubiésemos sospechado, y todo ello en el transcurso de un fin de semana que acabaríamos definiendo como perfecto.
Tratando de protegernos de la lluvia, una vez aparcado nuestro coche, nos introducimos en patio interior del pazo, nadie a la vista. Tras un gran ventanal, de lo que mas tarde descubriríamos como un acogedor y confortable salón, la obra del escultor Francisco Pazos, en madera y piedra, nos observa sorprendida tras el cristal. Marisa sale a nuestro encuentro y nos indica la entrada mas rápida para protegernos de la lluvia que no cesa. La dulzura y amabilidad del trato nos sorprende, ¿ nos confundirá con otros huéspedes, amigos quizás ?. No, no nos confunde con nadie, Marisa es así.
La pequeña radiografía que del pazo nos habían hecho se muestra como el resumen de un libro apasionante en el que uno no resiste la tentación de adentrarse más y más en sus paginas, una cautivadora novela que al final resultará un beneficioso y aprovechable texto didáctico.
La perfecta restauración que de esta posada de arrieros del siglo XVI, convertida mas tarde en la residencia de una familia de hidalgos, obra del arquitecto Pedro de Llano, consigue una armonía entre la construcción original, con materiales tradicionales, y un moderno y acogedor mobiliario interior.
La cultura, la serenidad, el arte son una constante en todas las estancias de la casa, una ocasional exposición de la pintora Berta Ares, cuadros de Suso Noya, Mercedes Taboada ó esculturas de Cochorro y Francisco Pazos en perfecta comunión con las rústicas vigas de la techumbre, la cantería de sus muros , el hierro forjado de las chimeneas y las barandas y los ventanales que permiten no alejarnos lo más mínimo del bucólico entorno capaz de trasladarnos a una Galicia ancestral y hermosa a escasos kilómetros de la Estrada en la provincia de Pontevedra.
“Os canónigos”, ”a da abóa”, “ollo de boi”, “o parladoiro” ó la propia “nugalla” dan nombre a las nueve habitaciones todas dobles salvo “o caseiro”, la más pequeña e individual. Todas con su propia personalidad a lo que hace referencia su denominación.
Un amplio salón con diferentes alturas sirve de galería de arte a parte de la obra expuesta de Berta Ares, la gran lareira, en uno de sus extremos, ayuda a caldear el ambiente, ya grato, de toda la estancia. La distribución del mobiliario del comedor, con una gran mesa común, forma parte de la peculiar y sana intención que Antón utiliza para provocar el conocimiento entre las personas que aquí se alojen, así los desayunos, las comidas ó las cenas pueden convertirse en agradables tertulias.
Todas las labores de la casa están convenientemente repartidas por Antón y Marisa, todo funciona, nada queda por hacer, pero nada se hace con prisas, con agobio, sin calma. La cocina es parte de las labores de Marisa, el pequeño huerto ecológico, próximo a la casa, provee de ingredientes naturales con los que se elaboran deliciosos platos caseros sazonados con el cariño que su autora acompaña a los aceites de calidad y al vinagre de Módena.
La cercanía de los ríos Ulla y Umia dotan al entorno una vegetación densa y caprichosa con numerosos parajes para perderse a gusto, cascadas, bosques de robles y extensas praderas donde pacen impasibles vacas del país.
Senderos, la proximidad de los monasterios de Acibeiro, Carboeiro en Silleda ó el pazo de Oca son algunas de las interesantes visitas que desde aquí podremos realizar. A la vuelta la torre de la iglesia de Curantes, primero, y la simbolica figura de la pereza que con las manos tras la nuca nos observa sobre la cúspide del tejado, después, nos indican que de nuevo estamos en casa, como a Marisa y Antón les gustaría que sintiésemos, de nuevo estamos en A Nugalla, volvemos a la pereza, aquí podremos leer sin prisa, embobarnos embelesados con el fuego en la chimenea de nuestro cuarto, escuchar música en la antigua capilla del pazo, ahora convertida en biblioteca, disfrutar del clima, de este cambio de ritmo que A Nugalla nos propone, incluso cenar a la luz de las velas, bajo la cubierta del patio interior, mientras escuchamos duetos instrumentales.
A Nugalla, "la pereza", probablemente causa de nuestra preocupación en otro tiempo, ayudados por dos maestros de excepción, es hoy nuestra aliada, la disfrutamos y compartimos. Aquel capital pecado que provocó algún suspenso, en nuestra vida escolar, puede que ahora nos ayude a, aprobar la vida.
GALERÍA FOTOGRÁFICA






