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Casa de Díaz
En las cercanías de Monforte de Lemos, en la provincia de Lugo,  encontramos la Casa de Díaz, un interesante refugio para los visitantes de la Sierra del Caurel.
Muchos días han transcurrido desde el comienzo de nuestra andadura. Atrás queda, además de todos los preparativos e ilusiones del viaje, numerosos encuentros, numerosas ciudades, tropiezos, alegrías, desacuerdos, fatigas, desánimo, esperanza...



Todo parece formar parte del camino, y así es, todos los elementos configuran el largo recorrido que habremos de transitar, el polvo, las nubes, el viento en nuestra nuca, el rumor de un arroyo, el vuelo de los pájaros sobre nuestras cabezas, todo se va depositando en nuestra memoria. Y nuestro corazón se agita y nuestros pies se cansan, el ritmo decae y el esfuerzo es cada vez mayor. Quizá estemos próximos a ganar el Jubileo ó el Nobel o que sé yo. La cuestión es que hemos llegado hasta aquí, que no es poco, y lo cierto es que nuestro cuerpo, nuestra mente o nuestra alma, para los más espirituales, nos sugieren un merecido descanso, un paréntesis, un Alto en el camino.
Samos y su monasterio benedictinos son lugar de referencia en el camino de Santiago, situada entre Triacastela y Sarria, ambas etapas término del recorrido, acoge a gran parte de los peregrinos en busca de la hospitalidad del monasterio y sus frailes.
Es un oteador de excepción el que nos sugiere este lugar, el fotógrafo y amigo Carlos Rodríguez, cuya sensibilidad le ha permitido captar la belleza de Galicia en su libro Galicia Instante Eterno. Siguiendo su recomendación viajamos hasta estas tierras de Lugo. Casa de Díaz, casa de aldea-residencia en Vilachá entre Sarria y Samos, a escasos kilómetros de esta última nos acoge en esta ocasión.
El vuelo de algunas cigüeñas, una vez traspasada la población de Monforte de Lemos, nos hacen sentir algo especial, la evocadora escena nos sitúa en un entorno natural de sorprendente riqueza, la Sierra del Caurel y sus estribaciones se hacen notar, se perciben. La vegetación es ahora más virgen, más limpia. La mezcla de tonalidades verdes, amarillas y ocres, en toda su gama, nos hace traspasar el umbral de hermosos recuerdos vividos en estas tierras. No podemos evitarlo, detenemos el coche en el arcén y respiramos profundamente.
Ya próximos a la casa, numerosos indicadores nos anuncian las distintas poblaciones del entorno: Cruz de Incio, Hospital, Ferreria, Folgoso. Demasiadas tentaciones y escaso tiempo. Una vez nos dirigimos a Vilachá, podemos ver a lo lejos, la Casa de Díaz y su entorno, las diversas construcciones que componen la hospedería y que se identifican perfectamente por su reciente rehabilitación, finalizada en 1.977, y su cuidada conservación.
A pesar de estar catalogada como casa de aldea-residencia, sorprenden las instalaciones que la casa nos ofrece y el cuidado estilo de los interiores. Diez habitaciones en la primera planta de la edificación principal y el bajo cubierta, estas últimas de menores dimensiones, distribuidas en tres tipos dependiendo de la situación y el tamaño. El respeto por los materiales originales propios de la construcción de que se trata, y la fecha de realización de la que se tiene referencias, finales del s. XVIII y principios del S. XIX, es una constante en todas las instalaciones y estancias que la casa nos ofrece. La piedra de pizarra y la madera son básicamente los materiales que la identifican.
Dª Benigna Díaz, propietaria de la casa que ya pertenecía a sus padres, y su familia, han sabido crear un ambiente cálido y confortable sin alterar el aire rústico original. Una sala de juego de mesa con “lareira” (chimenea), sala de estar y comedor, en el edificio principal se complementan con un amplio comedor donde degustar el desayuno, así como un pequeño gimnasio, sauna individual y bañera de hidromasaje, estos últimos en una edificación independiente perteneciente al conjunto de la casa. En el exterior el hórreo, diversos hornos, zonas ajardinadas y piscina. El conjunto es armonioso con interiores cálidos y jardines e instalaciones externas alegres y despejadas.
La preocupación por el bienestar de los huéspedes de la Casa de Díaz, por parte del personal que la atienden hacen de este un establecimiento con un alto nivel de servicio, probablemente muy superior a la categoría en la que la actual configuración le clasifica. Sin duda alguna, algo que habría que retocar.
La visita al monasterio de Samos es obligada, pero no es esta la única oferta del entorno: la capilla mozárabe del Ciprés del s. IX, San Martiño de Lousada o San Cristobo y San Juan de Louzará, son construcciones religiosas de estilos arquitectónicos tan interesantes como el románico, neogótico, mozárabe o renacentista. La sierra del Caurel, que aquí se respira, o la Sierra de Ancares a escasos cincuenta kilómetros, nos proporcionan innumerables posibilidades senderistas en un entorno único, la proximidad de los ríos Louzara y Lor o visitar la Ribeira Sacra y un paseo en catamarán por los impresionantes Cañones del Sil.
Y para comer... no debemos olvidarnos que estamos en Lugo. La diversidad de productos de la tierra es grande y sugerente: Restaurante A Veiga, en Samos, a la orilla del río o el Mesón Pontenova, un acogedor establecimiento en las inmediaciones de la Casa de Díaz, cubrirán nuestras necesidades gastronómicas.
De nuevo debemos ponernos en marcha, la vida sigue y nosotros con ella. Felizmente hemos descansado, alimentado, nos hemos curado las heridas y estamos dispuestos a reemprender la marcha, nuestro destino será Santiago de Compostela o donde la vida nos depare. En cualquier caso si la felicidad está en el camino, porque no había de estar en la posada.


GALERÍA FOTOGRÁFICA



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