Biscuter VoisinLa zapatilla voladora
Presentado en el Salón de París en 1949 el prototipo de este pequeño automóvil, diseñado por el ingeniero francés Gabriel Voisin, representaría una de las bases en el comienzo de la motorización popular en España, y la transición entre el uso masivo de la motocicleta y el verdadero coche para muchos ciudadanos a los que les tocó vivir los duros años de postguerra y bloqueo internacional sufridos por nuestro país.
Bajo licencia de la Compagnie Aeromécanique Francaise, la firma española Autonacional, S.A., domiciliada en Barcelona, fabricó el Biscuter entre los años 1951 y 1959, produciendo en este período unas 6.300 unidades, que fueron comercializadas a partir de la presentación del modelo “español” en el salón de Barcelona de 1951.
Acerca de su creador
Gabriel Voisin, gran apasionado de la mecánica, centró una parte muy importante de su vida profesional en el desarrollo de la aviación, siendo uno de los pioneros en este campo, y ya en 1908 consiguió un destacado récord, pues un avión Voisin fue el primero en conseguir superar la distancia de mil metros de vuelo, y muchos de los bombarderos utilizados durante la primera guerra mundial eran de la marca Voisin.
Finalizada la guerra Voisin decidió realizar una incursión en el mundo del automóvil, aplicando en sus diseños los avanzados métodos y sofisticadas soluciones desarrolladas en la aviación, dando rienda suelta a su insaciable capacidad de inventiva, centrándose principalmente en la construcción de automóviles de lujo en las instalaciones de su empresa aeronáutica, la Societé Anonyme des Aéroplanes G. Voisin, situada en las proximidades de París, de la que a partir de 1919 comenzaron a salir las primeras unidades. A finales de los años 30 el mercado de automóviles de lujo vivió una fuerte recesión, lo que derivó en la venta en 1937, por parte de Gabriel Voisin, de su participación en la empresa.
Atrás habían quedado conceptos aplicados por primera vez al automóvil por el ingeniero francés, conceptos que hoy apenas llaman nuestra atención por lo habitual de su utilización, como la amplia superficie acristalada, aligeramiento de las carrocerías, luz de marcha atrás, etcétera, y este importante bagaje técnico junto con su inagotable capacidad de inventiva, le posibilitaron llevar a cabo en 1945 el desarrollo del pequeño automóvil que hoy se asoma a nuestras paginas.
La “Zapatilla voladora”
Probablemente a José Luis Alén, propietario de nuestro pequeño protagonista le habrá costado un poco de trabajo localizarlo bajo los mil aperos de labranza que sin duda se hallaban en el gallinero de una casa de campo de Portas (Pontevedra) de la que, en 1990, logró rescatarlo recuperándolo de un largo “sueño” de más de 30 años, pues su pequeño tamaño previsiblemente le mantendría bastante camuflado, y hasta puede que el vértice superior de su parabrisas haya servido al gallo que mostraba orgulloso todo su esplendor mientras emitía sus habituales cantos con el romper del alba, marcando el inicio de la jornada.
Es difícil definir la silueta del Biscuter, pues no hay manera de establecer comparaciones con otro automóvil; llama mi atención lo amplio que resulta su asiento para dos personas, por lo que da la sensación de que el primer trazo dibujado por su creador fue para diseñar el asiento y a partir de este definir el resto del coche, compuesto por grandes paneles; su carrocería monocasco es de acero (chasis y parte de los paneles laterales) y de duraluminio (guardabarros, marco de parabrisas y la parte baja de los paneles laterales), aunque por la escasez de materias primas a la que aludíamos anteriormente, a partir del año 57 eran totalmente de acero.
El motor situado en la parte delantera, bajo un capot en el que destaca la generosa parrilla de aireación, que ocupa casi la mitad de su tamaño total, es un monocilíndrico de dos tiempos con una cilindrada de solo 197 cc. y 9 cv. de potencia máxima; llama la atención la culata de grandes dimensiones en la que se aloja una cámara de aceite destinado –junto al aleteado– a refrigerar el motor, evitando mediante este ingenioso diseño, perder aproximadamente unos 2 CV de potencia si la refrigeración fuese mediante un ventilador accionado por el propio motor a través de poleas.
Lateralmente, unos pequeños guardabarros cubren las ruedas, aunque en el caso de la parte trasera forman parte del panel curvo que recoge al “maletero” en el cual se aloja la rueda de repuesto y la imprescindible caja de herramientas.
Los faros apoyados sobre los guardabarros delanteros son totalmente exteriores, tipo motocicleta, y junto con el deflector trasero, que aloja la luz de la matricula conforman la iluminación del vehículo (los intermitentes son añadidos por exigencias “legales” de hoy en día).
Al volante del biscuter
Sentarse en el Biscuter es tan fácil como sentarse en el sofá de casa; en el lado del conductor simplemente hay que sortear un pilar que da apoyo firme a la barra de la dirección, en cuya parte superior se encuentra justo por debajo del volante, en este caso cromado, un panel con la palanca de cambios y los distintos interruptores y chivatos; no tiene ni velocímetro, ni cuentakilómetros, en la parte inferior del parabrisas está la palanca para accionar el limpia, por supuesto de forma manual. En la parte izquierda se encuentra la palanca de encendido, que se acciona sujetándola firmemente y tirando de ella hacia atrás; al fondo –en la parte baja– apreciamos los reducidos pedales de embrague, freno y acelerador; el acompañante tiene todo el espacio libre para situar cómodamente las piernas.
El coche, hábilmente puesto en marcha por su propietario, emite un sonido parecido a la Vespa, aunque de explosión mas suave y continuada. Tanteamos el pedalier antes de insertar la primera; el manejo del cambio se hace al principio un tanto engorroso pues es difícil encontrar la posición exacta de cada marcha aunque poco a poco vamos cogiéndole el “punto”; la dirección es muy precisa y ligera haciendo muy agradable la conducción; en terreno llano el coche adquiere de forma sorprendentemente rápida una apreciable velocidad.
La suspensión es firme pero a pesar de su corto recorrido absorbe en buena medida las irregularidades del terreno. El comportamiento en general es bueno, no habiendo tenido en absoluto sensaciones negativas tanto en curvas cerradas como amplias. Cuando alguna cuesta se cruzaba en nuestro camino, el régimen de giro del motor se reducía de forma progresiva obligándonos a insertar una marcha mas corta, pero con más o menos esfuerzo, siempre alcanzaba la cima, para descender por las pendientes de forma casi libre, pues el mismo peso de los dos ocupantes que había dificultado el ascenso, se convertía ahora en un aliado para alcanzar una elevada velocidad, el único problema es tener que frenar, pues en estas circunstancias, no es que frene poco, es que... no frena nada..., pero esto forma parte de las emociones de conducir un Biscuter.

Biscuter Voisin
MOTOR
TIPO: Hispano Villiers 1 cilindro
POSICIÓN: delantera longitudinal
CILINDRADA: 197 centímetros cúbicos
DIÁMETRO POR CARRERA: 59 x 72 mm.
POTENCIA MÁXIMA: 9 caballos a 5.800 r.p.m.
RELACIÓN DE COMPRESIÓN: 7,25:1
ALIMENTACIÓN: carburador monocuerpo
TRANSMISION
TRACCIÓN: delantera
CAJA DE CAMBIOS: 3 velocidades y marcha atrás.
EMBRAGUE: multidisco en baño de aceite
DIFERENCIAL: independiente
BASTIDOR
CARROCERÍA: de dos puertas (2/3 plazas).
BASTIDOR: de acero y carrocería en duraluminio
SUSPENSIÓN DELANTERA: independiente, con bielas oscilantes muelles y amortiguadores de fricción
SUSPENSIÓN TRASERA: idem.
FRENOS: delantero por pedal sobre el diferencial, trasero de tambor manual.
DIRECCIÓN: de cremallera
DIMENSIONES: largo: 2,57 m. ancho: 1,21m. alto: 1,37 m.
NEUMÁTICOS: Michelin 400x8
LLANTAS: 8 pulgadas de diametro en chapa
PESO: 280 Kgs.
PRESTACIONES
VELOCIDAD MÁXIMA: 76 kilómetros por hora.
CONSUMO: 4,5 litros de gasolina mezcla cada 100 km.






