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Chrysler Sebring Cabriolet
Historia al descubierto
La historia de Chrysler está plagada de modelos cabriolet. Incluso en algunas de los grandes acontecimientos deportivos como las 24 Horas de Le Mans, Chrysler presentó con éxito su modelo Six. Esta constante en la marca ha propiciado que hasta nuestros días sigan llegando nuevas versiones de modelos abiertos y se mantenga la tradición.

ES conocido de todo el mundo que Chrysler es la compañía estadounidense más vanguardista desde sus inicios: el Six, el primer coche de la compañía, tenía un motor de seis cilindros en línea y frenos en las cuatro ruedas mediante circuito hidráulico.
No es de extrañar pues que con el sucesor del Six, el 72, de cuatro litros de cilindrada, Chrysler se planteara ir en 1928 a competir a Le Mans, donde quedaron en tercera y cuarta posición.
A la vuelta de la guerra, Chrysler tuvo un inusitado éxito con sus Town & Country. El nuevo optimismo de los años de paz y bonanza económica movió a un interesante cambio: el mercado del familiar o station wagon había sido desplazado por convertibles con paneles exteriores de caoba, los famosos “woodies”, que eran muy apreciados por la misma clase de gente que hoy se compra un todo terreno para ir, por ejemplo, a cenar a un club de campo.
En 1951 Chrysler llevó a cabo otra primicia técnica. Se trataba de las culatas con cámara de combustión hemisférica. La eficiencia de aquel motor V8 FirePower, el primero de la larga serie de motores Hemi, era tal que rendía un 20 por ciento más de potencia que los propulsores comparables de la competencia. De esta manera, en la versión de competición utilizada en Indianápolis al año siguiente el coche rendía 404 CV a 5200 vueltas.
Chrysler ofreció simultáneamente este motor en sus modelos abiertos Imperial y NewYorker. Pero la época dorada de este motor llegaría en los años sesenta, un momento de grandes cambios en la industria y en Chrysler. Con el cambio de década, los coches pasaron de tener un chasis separado a ser monocasco, aunque estéticamente el avance no se reflejara en el exterior.

Los muscle cars
Nadie tiene muy claro por qué a mediados de los años 60 empezó la escalada de potencia en los coches estadounidenses, pero lo cierto es que Chrysler, gracias a la tremenda potencia de sus motores, era la que mejor situada estaba para hacer los coches más espectaculares. El primer coche del grupo que demostró lo que era potencia de verdad era el Dodge Coronet de 1967. En una nación fascinada por la velocidad, un convertible dotado de un V8 de 7,2 litros de cilindrada (“440” de cámara en cuña) y 375 CV no parecía nada excesivo. ¡Pero es que esta no era la versión más potente! El Coronet Hemi de 426 pulgadas cúbicas podría tener doscientos centímetros cúbicos menos… ¡pero su potencia máxima era de 425 CV! Un año más tarde, Chrysler puso en la calle, a través de su marca Dodge, el Charger, un genuino coupé dos puertas (también en versión convertible) que incorporaba los mismos motores del Coronet. Y para enfrentarse adecuadamente al Mustang de Ford, el Challenger, bastante más pequeño que sus hermanos, pero con un motor V8 de 5,2 litros y 230 CV, era capaz de moverse con extraordinaria soltura. Por cierto, el Charger tenía el Hemi 426 del Coronet en opción…

La crisis del petróleo dio al traste con estas aventuras de gran rendimiento. El coche estadounidense medio cambió: se hizo más corto, más estrecho y más ligero. Los motores V8 quedaron sustituidos por los V6. Fue una época en la que hubo pocos coches descapotables: existía un temor generalizado a una nueva normativa antivuelco y, en consecuencia, pocos fabricantes se atrevieron a presentar nuevos diseños “al aire”.  En los años 80, el Chrysler LeBaron —basado en la plataforma K— era el primer convertible fabricado en EEUU desde la desaparición del modelo Eldorado de Cadillac. Como en los años treinta, el tirón que para el público tenía la estética del familiar Town & Country hizo que el nuevo coche abierto se llamara así. En 1987 llegó otro Chrysler abierto: se trataba esta vez del primer descapotable en décadas que había sido diseñado per se, sin basarse en otras berlinas. Además, Chrysler renovó su “conexión italiana” (fueron los mayores clientes de Ghia hasta la compra de ésta por Ford) con un roadster con motor modificado en Maserati, el TC. Por último, el Chrysler Sebring Convertible era versión abierta de un coche casi que se había descuidado un poco en el mercado estadounidense: cuatro plazas y línea con un matiz deportivo que no hacía compromisos con la comodidad de los ocupantes.
Y no hay que olvidar los avances estéticos que han introducido en el mercado conceptos tan audaces como el Dodge/Chrysler Viper, el Plymouth Prowler y el, por ahora en estudio, PT Cruiser abierto, que se presentará en el Salón de Nueva York de este año.

01.05.2001 Rafa Cid
 
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