Big Healey Austin Healey 3000Big Healey
El Austin Healey de competición, ex oficial de BMC y uno de los más exitosos vehículos de competición del grupo automovilístico británico, con el que pilotos como Timo Makinen consiguieron muchas de sus numerosas victorias.
El modelo que nos ocupa vio la luz gracias a un rápido y sencillo acuerdo de colaboración celebrado entre Donald Healey (responsable de la marca Healey Motor Company) y Leonard Lord (responsable máximo en 1952 de la British Motor Corporation) y como suele suceder muchas veces, un sencillo y fácil acuerdo, dio paso a una excepcional y rentable evolución industrial, pues al finalizar la segunda guerra mundial la gama de Austin no ofrecía ningún modelo netamente deportivo, cubriendo la primera versión del Austin Healey esta importante carencia.
El éxito comercial no se hizo esperar desde su presentación en el Motor Show de Londres de 1952, y es que aquel vehículo reunía diversas características tanto estructurales como comerciales muy difíciles de igualar para sus competidores más directos. Por una parte, su diseño rompía en cierta medida las ya tradicionales líneas de los Jaguar XK. Por otro lado, sus altas prestaciones –superaba las 100 millas por hora, de ahí la denominación 100 M del primer modelo– la sencillez y economía de mantenimiento que ofrecía, que suponían un importante complemento al bajo precio de venta: 850 libras.
El secreto para ofrecer un buen producto a un coste recortado fue la utilización de la mayor parte de los componentes mecánicos del Austin A-90 Atlantic, adaptados a las mayores exigencias de un vehículo deportivo, pero que habían demostrado sobradamente su robustez pues un buen numero de taxistas británicos utilizaban el mencionado modelo. Con el paso de los años el Healey fue evolucionando hasta que en 1956 los responsables de la marca decidieron incorporarle un motor de 6 cilindros como parte principal de una serie de cambios paralelos, naciendo de este modo el 100/6 el cual se mantuvo en producción y constante desarrollo hasta 1968 en sus diferentes evoluciones culminadas con el MK-III de la Serie BJ8, cuyo motor de 6 cilindros y 2.912 c.c. alcanzaba la cifra de 148 CV. de potencia, pero dejemos la historia y centrémonos en las apreciaciones obtenidas con el representante de la saga que hoy se asoma a nuestras páginas.
Una línea muy particularLas originales formas de la carrocería diseñada por Gerry Coker en 1951 han dotado desde siempre al Healey de una destacada personalidad, pues si con casi todos los coches podemos encontrar algunos modelos más o menos parecidos –nos referimos a los de aquella época, pues ahora el diseño por ordenador crea “clónicos” de distintas marcas–, en el caso del Austin Healey podemos afirmar que tiene “algo” difícil de definir con una sola palabra para expresarlo, pero posiblemente la mas próxima podría ser “armonía”. Lo cierto es que al igual que el 2 CV, o el Escarabajo, son modelos con formas muy personales, que siempre estarán en la mente de todos por muchos años que transcurran desde su presencia masiva en el mercado; evidentemente cada uno en su estilo, que nadie vaya a pensar que los estoy comparando, ni en su filosofía de automóvil ni en su mercado potencial.
Los casi cuatro metros de longitud del modelo quedan visualmente minimizados por la justa utilización de pliegues en los paneles laterales, resaltados en algunos modelos con una pintura diferente en la parte baja de estos. La parte trasera desciende desde la zona más alta del guardabarros hasta la defensa, pero su forma redondeada nos recuerda que estamos admirando un vehículo de principios de los años 50. La parte delantera mantiene una amplia calandra de refrigeración de la mecánica, por lo que la curva del capó es muy leve. Este destaca por su reducida dimensión, lo que provoca que el motor nos parezca mas grande de lo normal pues ocupa todo el hueco disponible. Lateralmente, además del pliegue citado anteriormente, destaca la originalidad de la puerta, la cual está inclinada hacia atrás, dándole un aspecto de “movimiento” al lateral del coche.
Conduciendo el HealeyEl interior no resulta demasiado amplio pero la posición al volante es cómoda, además el pequeño respaldo de los asientos tipo baquet sujetan perfectamente nuestro cuerpo en las curvas. La unidad que probamos dispone de un volante Motolita de madera de menos diámetro que el de origen, lo que agrava la dureza de la dirección.
Nos disponemos a poner en marcha el motor, dando tiempo previamente para que actúe la bomba de gasolina eléctrica mientras observamos la información que nos ofrecen los instrumentos redondos que destacan por su clásico diseño; nos invade un sonido enérgico y muy agradable, tanteamos los pedales apreciando que se encuentran ligeramente desplazados hacia la izquierda y muy juntos (es difícil, sobre todo al principio, no pulsar el freno al accionar el embrague), nos disponemos a iniciar la marcha.
Insertamos la primera, para lo cual apenas tenemos que desplazar el brazo del volante pues la palanca está muy próxima a la base del mismo, y el coche responde de forma inmediata, permitiéndonos el largo recorrido del embrague arrancar de forma bastante suave para tratarse de un clásico ingles. Una vez alcanzada una razonable velocidad de crucero podemos apreciar como la línea de cintura baja del coche nos permite “dominar" visualmente la carretera, el motor nos da desde el principio una clara muestra de sus posibilidades, y su elevado par le permite mantener el régimen adecuado en las diferentes circunstancias y exigencias a las que lo sometemos.
El coche, con una disposición de suspensión muy típica de la época, tiene un comportamiento muy tendente al sobreviraje. Esto se aprecia mucho más en firmes irregulares, pues el escaso recorrido de suspensión transmite de forma inmediata al volante y bastidor estas reacciones, no obstante, una vez comprobada esta característica, apuramos progresivamente el nivel de exigencia pudiendo apreciar su nobleza y como poco a poco vamos cogiéndole confianza y valorando positivamente las reacciones que al principio nos parecían difícilmente “domesticables”, sin duda, estamos ante una buena base que no es extraño haya permitido lucirse a muchos pilotos, sobre todo en los más destacados rallys del calendario internacional, pues el Austin Healey trasmite la exigencia de que se le conozca a fondo pero tiene unas excelentes condiciones dinámicas.
La dirección es muy precisa y directa permitiendo marcar muy claramente la trayectoria deseada; los frenos obligan al conductor a tratarlos con cierta dosis de fuerza pues de lo contrario “pasan” bastante de realizar su cometido, no obstante esta conclusión se aprende rápido, simplemente al necesitarlos por primera vez, por lo que después no hay opción para mas “sustos”, se trata simplemente de apretar el pedal con energía. El Austin Healey nos ofrece todo lo que cualquier buen aficionado a los clásicos puede esperar de su tenencia y disfrute, incluidas las “prisas” para poner la capota y ventanillas ante un cambio brusco de tiempo, pues van guardadas en el maletero. A cambio, permite recuperar la ilusión y el placer de conducir, solo hace falta una carretera poco transitada, un paisaje de montaña bonito y ... dejar el reloj en casa...
El Austin Healey tiene una bella planta, y reúne las características que gustan a la mayoría de los amantes de los vehículos clásicos.
La unidad probada tenía además el aliciente de un estado impecable, lo que nos ha permitido probar el Healey como si fuese un coche nuevo.







