Montecarlo 1976 Sueño de juventudEl sueño con el 2002 tii
Era otoño de 1975, y después de un año bastante bueno en lo que a competición se refiere, se iba a producir la noticia –al menos en mi época– por la que hubiese “matado” cualquier joven que practicase el automovilismo. La cosa fue más o menos así. Me encontré con Beny Fernández y me dijo: Reverter quiere hablar contigo.
No tardé en enterarme que la idea de nuestro maestro y mentor era la de acoplarme al equipo que disputaría el Montecarlo en el próximo enero (1976).
–Hacen falta dos pilotos –me dijo–, porque el rally es largo y duro, y además tú sabes de mecánica y hablas francés, así que si quieres, irás con Beny y serás el segundo piloto.
Durante las semanas que faltaban para irnos a entrenar, luego durante los entrenamientos y finalmente en el rally puedo decir que fue como vivir un sueño indescriptible, porque para cualquiera de nosotros, que a duras penas podíamos ahorrar lo suficiente para poder correr rallys regionales, era acceder a un mundo con el que tantas veces habíamos soñado y que leíamos en las revistas. Yo era un asiduo de l’Automobile y de l’Auto Journal, que a mi casa las traía mi padre cuando yo era niño, y la costumbre se me quedó.
Los entrenos
Después de estudiar concienzudamente los recorridos con los abundantes mapas que tenía Estanislao Reverter de sus varias participaciones anteriores, decidimos que lo mejor sería tomar la salida desde Almería (ese año era un nuevo itinerario en vez de Lisboa). El largo recorrido de concentración servía para “desgastar” al personal y crear ambiente en los diversos países por donde pasaban los coches. Después de llegar a Montecarlo, tenía lugar lo que llamaban el “recorrido común”, de unos 1.500 kilómetros y que tradicionalmente era entre Mónaco, Chambery y regreso a Mónaco. Y finalmente, la gran noche del Turini a la que sólo tenían acceso entonces los 100 primeros clasificados y que rondaba los 600 kilómetros de recorrido.
Tomamos la salida desde Vigo el día 1 de enero de 1976 con el viejo Citroën GS de Beny, para realizar el recorrido completo y tomar notas de todos los tramos. Estuvimos una semana, en la que sólo parábamos para dormir y comer, cayendo rendidos todos los días al llegar al hotel, pero era fantástico. Nuestros primeros contactos con la nieve sirvieron para aprender. Todos los días aprendíamos algo nuevo. En una ocasión el GS no subía por una pendiente porque había mucho hielo y los clavos estaban gastados, así que después de intentarlo una y otra vez, se me ocurrió que tal vez marcha atrás... ¡bingo!, marcha atrás sí subimos el puerto. Y cosas por el estilo. Éramos dos provincianos con un utilitario intentando entrenar donde los dioses del automovilismo mundial iban a medir sus fuerzas dentro de pocos días. Allí estaban los letreros. Leíamos con veneración: Makinen-Liddon, ¡Fantastic!, ¡Forza Munari, il drago..!, y decenas, referidos a los franceses, Andruet, Piot, Darniche, etc. Pero esta vez, íbamos a estar dentro de la película, en lugar de mirar desde fuera. Aquello acojonaba un poco, pero luego lo pensabas y decías, hombre, nosotros vamos en un BMW 2002 tii, ya veremos qué pasa...
Otra anécdota que tanto Beny como yo recordamos con muchas risas fue en un tramo muy estrecho. Llevaba yo el coche, y nos encontramos de bruces con un rebaño de ovejas. Tocamos la bocina y apenas se movían, acelerábamos un poco y se movían un poco, así que empecé a acelerar y ellas corrían más. A los pocos segundos las ovejas estaban en plena cronometrada con nosotros detrás, despavoridas, pero sin poder salirse de la carretera, hasta que al cabo de unos seiscientos metros, la primera encontró un hueco y era seguida por todas hasta que desaparecieron. ¡ Qué risa !
Otro día en un hotel del camino, el recepcionista nos preguntó si íbamos a participar en el Montecarlo, le dijimos que sí, y nos dijo: “...también se aloja en este hotel Mr.Trintignan (ya saben el de la película de un Hombre y una Mujer y nieto del famoso piloto de F-1), que también está entrenando”
El rally
Y llegó el gran día. Tomamos la salida del Almería, y llegamos al primer control de paso en Toledo. Después había otro pasado Somosierra (allí estaba Rafael Varcárcel, el eterno secretario de la FEA que nos deseó suerte), y tras horas y horas de niebla cerrada hasta bastante después de Zaragoza, tendríamos que afrontar las primeras nieves en Andorra. Pasado este primer escollo y ya con cierto cansancio, llegábamos con las primeras luces a Montecarlo, buscando el puerto, donde se establecía el control horario y una verificación del vehículo.
Antonio Zanini que junto a Cañellas participaban con el equipo Seat oficial bromeaba como siempre y le decía a los oficiales del Automobile Club de Mónaco en un francés macarrónico: Les monsieurs tienen le bateau dans le port..., les monsieurs han arrivé en bateau... Como equipo oficial que eran, se habían pasado varias semanas entrenando, y Zanini nos refería los diferentes tipos de nieve que había conseguido catalogar: blanca sucia, dura, azul (la azul patina mucho, decía ...)
Aquel año, las dos primera pruebas se celebraban pasando la frontera italiana, para dar orden de salida para la etapa común. Beny que guió en esos tramos lo hizo muy bien, y nos peleábamos con Bernard Beguin que llevaba un Alfa GTV Grupo 1. Lo malo vino después, porque el tiempo era cambiante y en algunas pruebas había mucha nieve y sobre todo hielo, y en otras estaba seco. El problema era que nuestras asistencias (dos coches) llegaban adonde podían, por lo que no era extraño que en tramos de hielo fuésemos con ruedas de seco y en las secas con 200 clavos como nos ocurrió en la zona de Gap.
Al acabar la larga etapa Mónaco-Chambery-Mónaco andábamos entre el 30º y el 40º. Habíamos perdido mucho tiempo con lo de los clavos, y nos habíamos salido en un par de ocasiones, sin consecuencias, pero habíamos superado escollos como el terrible Burzet, San Bonnet le Froid...
Llegaba la gran noche del Turini. Reverter nos despertó por la mañana y nos hizo ir a reconocer los tramos de la noche: ... una pasadita,–decía–, así iréis mejor.
Y después de la pasadita, la hora de la verdad, toda la noche, pero era como una droga. Estábamos en el Turini, miles de personas a los lados, luces, bengalas, gritos, y los abundantes letreros ya legendarios de: Danger Verglas... Bollene... Moulinet...
A mi se me ponía la carne de gallina...
Y otra vez, –porque se pasaba varias veces– ...La Madonna, La Cuillole, Le Turini, etc.
En estas estábamos cuando Reverter nos dice que vamos en el puesto 18. ¡No puede ser, vamos a estar entre los 20 primeros en el Monte !
Pero la alegría dura poco en la casa del pobre. De repente se apagó todo.
–¡Qué pasa Beny! No sé, la batería...la batería...
Paramos el coche miro con la linterna. Es el cable de la batería que se ha cortado. Iba rozando contra el soporte y se ha roto. Por arriba no puedo, me meto debajo del coche...todo está lleno de nieve que me estorba. Hay que subirlo un poco con el gato... Por fín logro conectar unos hilos contra los otros y colocarle una cinta aislante.
¡Vamos...!
Pero penalizamos en el control. La siguiente pasada, faltando ya solo dos tramos vuelve a ser fatal, se vuelve a soltar el cable. La suerte es que están los de la asistencia de Seat y nos echan una mano. Suben el coche y arreglan definitivamente la avería, pero volvemos a perder tiempo. Hemos bajado hasta el 29º, que no está mal, pero...qué pena...qué pena. Al final otra clasificación posterior nos relegaba al 30º.
Nos quedaba lo mejor, haber terminado nuestro sueño, aunque como nadie pensó en ello, no pudimos ir a la fiesta del Sporting Club porque ¡no habíamos llevado smoking! Al menos en la mañana, tuvimos el placer de subir al Palacio y pasar delante de Grace y Rainiero donde el Conde de Villapadierna, Presidente de la Federación Española nos felicitaba efusivamente, así como al equipo Seat que había terminado en un meritorio 12º lugar.
Al año siguiente, tanto Beny como yo, repetimos la aventura, pero ninguno de los dos (por separado) logró acabarla.






