La mujer y el automóvil (1900-1936)Pioneras al volante
Varias fueron las mujeres que, a la sombra de sus maridos, participaron activamente en los inicios del automóvil. Se trató de un grupo de pioneras que revelándose a las normas, e incluso a las costumbres sociales de su época se pusieron desde los primeros momentos de la existencia de los automóviles a los mandos de uno de ellos.
De hecho el primer conductor de la historia fue una mujer, Berta Benz esposa del constructor Karl Benz. En la primavera de 1888, Berta recorrió, por primera vez en la historia, las calles de la ciudad de Mannheim en su vehículo a motor. Consciente de cómo funcionaban, ya por aquellos años, las actividades comerciales, vio con claridad que el vehículo fabricado por su marido necesitaba una promoción pública que diese que hablar y, en agosto de ese mismo año, Berta acompañada por sus dos hijos inició el primer viaje de la historia del automóvil, entre Mannheim su ciudad y la ciudad de Pforzheim, donde se encontraba la casa de su madre. El viaje logró el objetivo buscado, que no era otro que llamar la atención, pero también dejó al descubierto las debilidades del propio vehículo, lo que permitió a su marido trabajar en las mejoras y en posteriores modificaciones.
En la misma línea se comportó Berta Habermass, esposa de Maybach y amiga de Berta Benz, quien desde un principio estuvo junto a su marido apoyándolo, ya que confiaba en totalmente en su trabajo, tanto en el perfeccionamiento de los motores de combustible líquido, como en el resto de las aportaciones mecánicas que realizó posteriormente como el cambio de velocidades selectivo, el radiador de panal, etc.
Poco antes de celebrarse la Exposición Universal de París de 1889, Luisa Sarazin, ante la repentina muerte de su marido, que era el representante de Daimler en París, decidió ponerse al frente del negocio que este regentaba. Luisa tuvo muy presente desde un principio, la importancia que tenía la promoción pública del nuevo medio de locomoción, por ello entró en contacto con Emile Levassor, persona muy conocida en París, para que se pasease con un automóvil de su propiedad por las inmediaciones del recinto de la Exposición. Con ello consiguió que muchas personas hablasen del hecho y una gran repercusión mediática en los principales medios del momento. Paralelamente Sarazin puso en marcha la primera campaña publicitaria del automóvil, centrada en la marca que ella regentaba. Unos pocos años más tarde, en 1895, también en París, la duquesa de Uzés se convertía en la primera mujer en conseguir el permiso de conducir -sólo seis años después de que León Serpollet consiguiera el primer permiso de conducir de la historia-, generando un gran revuelo entre la nobleza y la burguesía parisina del momento.
En este contexto, durante los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, en países más desarrollados como Inglaterra o Francia, donde los cambios políticos, económicos y sociales habían provocado una clara y real aceleración de la posición de la mujer, no resultaba extraño encontrar a éstas a los mandos de un automóvil, simplemente de paseo o incluso parte en una prueba automovilística. Y las incursiones de las mujeres, en cualquier ambiente automovilístico, siempre resultaban sorprendentes, de modo que su sola presencia, habitualmente, era recogida por toda la prensa del momento que se hacía eco de ella, alcanzando una gran repercusión mediática.
En 1904 se constituyó en Inglaterra el primer club de mujeres automovilistas el “Ladies Automobile Club” FOTO·1. Sus componentes a menudo organizaban paseos y exhibiciones y su participación, en las distintas carreras automovilísticas, generaba una gran expectación entre la población (Blanco y Negro, 1904).
En el ámbito deportivo internacional y, a pesar de la enorme dificultad que suponía la conducción de un automóvil, también hubo destacadas actuaciones femeninas. Su pionera fue Madame Camille du Gast quién en 1903 tomó la salida en el rally París-Madrid. Al año siguiente en 1904 intentó participar en la V Copa Gordon Bennet, pero la reglamentación del Automóvil Club de Francia (ACF) no permitía la participación femenina. A partir de ese momento, otras muchas siguieron el camino iniciado por ella, y fueron varias las que participaron en la competición automovilística. Otra figura destacada fue Mademoiselle Hellé Nice, famosa esquiadora de aquella época, que debió abandonar el ski por un accidente y entró en el automovilismo, llegando a convertirse en campeona del mundo de velocidad gracias al apoyo que le prestó Ettore Bugatti. En 1912, las esposas de Lapp y Hermans, participaron en un rally desde Viena; realizaron el recorrido en un Austro Daimler de 60 caballos, envueltas en abrigos de piel para combatir el frío. En el segundo rally realizado tras la Guerra, el 22 de febrero de 1925, la señora Martens, con su marido de copiloto, partió de Túnez a los mandos de un Lancia, llegando la primera a Montecarlo. Al año siguiente, dos mujeres a los mandos de un Citroën cada una, tomaron la salida en San Sebastián y consiguieron la segunda y la tercera posición en la clase voiturettes. Una de ellas era Madame Ragazzi, que participaba bajo el seudónimo de “Marika” a los mandos de un Citroën 10 HP con el número 36, y la otra era Madame Dumouosseau, pilotando un 5 CV con el número 37. Ambas tuvieron que emplearse a fondo a lo largo de toda la prueba quitando nieve de la carretera y soportando todo tipo de inclemencias meteorológicas. Posteriormente en 1927 se estableció el trofeo “Coupé des dames”.
Mujeres en la publicidad
Sin embargo, la relación de la mujer con el automóvil fue reflejada de forma habitual tanto por la prensa de la época, así como por renombrados artistas del momento; pintores, ilustradores, diseñadores gráficos, etc. Desde los primeros años de existencia del automóvil, la publicidad de éstos, a menudo, hizo uso de la imagen femenina en sus campañas publicitarias, mostrándola en diversas situaciones. Utilizó su imagen de muy distintos modos, y la presentó como un elemento que transmitía valores muy diferentes.
En algunas ocasiones, esta era mostrada como un elemento decorativo o incluso como un complemento “chic”, vinculada, en la mayor parte de los casos, a conceptos y valores como la elegancia, el glamour, o la sofisticación, entre otros. Su sola presencia transmitía e implementaba al resto de productos que acompañaba estos valores. Son muchos los ejemplos de publicidad aparecida en distintas revistas españolas y realizada por diferentes marcas automovilísticas, y de otros sectores, tanto nacionales como extranjeras, que ilustran esta circunstancia. FOTO·2 FOTO·3 FOTO·4
Sin embargo, en otras ocasiones, la imagen de la mujer fue tratada como un elemento iconográfico que transmitía una imagen de progreso, y era situada en torno a valores como la independencia y la modernidad. Algunas marcas automovilísticas, aprovechando el poder mediático y la notoriedad que garantizaba su sola presencia ligada al nuevo medio de transporte, la utilizaron en su propio beneficio.
Cuando la imagen que querían transmitir era esta última, no dudaron en situarla a los mandos de sus vehículos. A este respecto, desde el mismo nacimiento del siglo reputados artistas de la época emplearon estas imágenes. En un primer momento en los carteles y pocos años después, en la publicidad en revistas y diarios.
Ramón Casas, uno de los máximos exponentes del modernismo, fue sin duda alguna un pionero en sentar a la mujer al volante del automóvil, convirtiéndola en la protagonista y en el eje central de sus obras. Son muchas las obras de este artista que así lo acreditan. En la mayor parte de ellas, Casas trató de representar una mujer moderna que conducía su propio vehículo, en una época en la que conducir estaba solamente al alcance de unos pocos hombres. Casas las presentaba siempre en actitudes elegantes, modernas y muy bellas. Utilizó indistintamente la pintura, el dibujo, el cartelismo, las postales y la ilustración gráfica, para crear composiciones en las que la presencia de la figura femenina ligada al automóvil y a los valores de modernidad y progreso se convirtió en un elemento recurrente FOTO·5
Resulta muy llamativo el hecho de que en 1900 realizó el cartel publicitario para la empresa “Auto Garage Central” FOTO·6 que reproducía a una elegante dama al volante de un automóvil, a pesar de que en esos años todavía no había automóviles en las ciudades españolas y menos mujeres al volante de ellos. Ese mismo año, también publicó de forma complementaria a la revista modernista Pel & Ploma, dos carteles que llamó “Affiches imaginaires”. En 1903, realizó una colección de tarjetas postales artísticas las “Chauffeses”, que posteriormente se convirtieron en una de las más reconocidas del autor. Además de estas primeras creaciones elaboró muchas otras como el cartel publicitario para la empresa de neumáticos Klein FOTO·4 o los realizados por encargo del Real Automóvil Club de Cataluña para promocionar algunas de las pruebas automovilísticas que organizaba, como la Copa Tibidabo celebrada en mayo de 1914 FOTO·7. Pero no fue exclusivamente Ramón Casas quién representó a los automóviles y a las mujeres conjuntamente en sus creaciones artísticas. Muchos otros artistas de la época también lo hicieron y así quedó constatado en muchas creaciones artísticas de aquellos años .
En la misma línea se comportó, unos años más tarde, la publicidad del automóvil realizada en revistas y diarios. Diferentes marcas utilizaron la figura femenina al volante de sus automóviles como reclamo para vehicular sus mensajes. Por ello no es difícil encontrar anuncios que reflejaban esta circunstancia, fundamentalmente a comienzos de los años veinte y a lo largo de toda la década, en que el automóvil había alcanzado en España cierta popularidad. Así encontramos anuncios realizados por distintas marcas como Opel, Ford, Studebaker, Overland, Morris, etc., que mostraban a la mujer automovilista. Si el simple hecho de conducir un automóvil, ya era un signo de modernidad y de progreso, cuando éste, además, era conducido por una mujer se potenciaban e intensificaban aún más estos valores.
Son muchos los ejemplos que existen de ello. En 1919, el concesionario de Opel en Barcelona, insertaba un anuncio en el Álbum del Salón del Automóvil de ese año. Se trataba de un dibujo de la cabeza de una automovilista perfectamente equipada al efecto con sus gafas, gorro y pañuelo al viento, junto a un automóvil y sobre el nombre de la marca FOTO·8.
Del mismo modo se comportó la marca Ford, quién en la década de los años veinte, evoluciono sus mensajes publicitarios. Dejó a un lado su estrategia de vender el mayor número de automóviles al menor precio y, comenzó a preocuparse de otros valores. De este modo la resolución de sus anuncios evolucionó en la misma línea que se comportaba la publicidad de sus más directos competidores, como eran las marcas que formaban parte de la compañía General Motors. Su estrategia publicitaria derivó hacia la utilización de mensajes que hacían referencia a valores que se situaban en torno a las nuevas preocupaciones de la población, así encontramos anuncios centrados en la estética de los automóviles y también en el nuevo papel de la mujer en la sociedad, o en la importancia de la familia, como lo demuestra el anuncio aparecido en 1924 en la revista Blanco y Negro FOTO·9.
Otras marcas como Overland FOTO·10, Morris FOTO·11 y Opel FOTO·8 entre otras, se comportaron del mismo modo y se sirvieron de la imagen de la mujer automovilista para hacer llegar sus mensajes y situar a sus marcas cercanas a los valores de modernidad que exigían los nuevos tiempos.
Pero la imagen femenina como signo de modernidad no sólo fue situada a los mandos del nuevo medio de locomoción, en otras ocasiones este valor era representado mediante la utilización de ésta ataviada al estilo más moderno de la época. Así, desde los primeros años, la publicidad también utilizó la figura femenina ligada al automóvil y a los valores de modernidad, mediante la asimilación de esta con las nuevas tendencias que se imponían en la moda. Los primeros carteles realizados desde el Real Automóvil Club de Cataluña, para promocionar sus pruebas son una buena prueba de ello. En ellos la figura femenina vestida a la última moda, era el elemento responsable de transmitir el valor de la modernidad, como se puede comprobar en las fotos FOTO·7 y FOTO·12.
En este mismo sentido también se mostró la marca automovilística española Hispano Suiza. El prestigio que alcanzó la marca española tanto dentro como fuera de nuestro país a lo largo de la década de los años veinte, se vio perfectamente reflejado en sus anuncios y la Hispano Suiza, no dudo en utilizar la imagen de la mujer conductora, con una vestimenta en la que la alta costura se adecuaba a las exigencias de los nuevos tiempos. En este contexto, la conductora de la campaña llevada a cabo por Hispano Suiza para el lanzamiento del nuevo modelo de 1927, se movió entorno a los valores de modernidad y elegancia que transfería al nuevo modelo que la marca había lanzado al mercado durante ese año. 






