Landshark Rapidísimo escualo
Donde se habla de un Singular Aparato que no sólo podría llegar a ser el triciclo más rápido del mundo, sino también un velocísimo anfibio, un vehículo militar de vanguardia o un deportivo triplaza.
Los vehículos anfibios, como los chaquetones reversibles, son un quiero y no puedo. Pretendiendo ser capaces de cumplir dos funciones totalmente distintas, no llegan a ajustarse correctamente a ninguna de ellas. Del mismo modo, casi por definición, la mayoría de los automóviles anfibios que en el mundo han sido resultan inadecuados como botes y torpes como automóviles, por mucho que intentaran Porsche KG (sí, ellos) y, sobre todo, el diseñador y creador del Amphicar, Hans Trippel (cuya vida estuvo íntimamente ligada a la historia de estos engendros). Y es que la mayoría de los anfibios se mueven en el agua con el gracejo de una cáscara de nuez, mientras que fuera de ella despliegan toda la agilidad de un hipopótamo mareado. Sin embargo, un británico, David Baker, está decidido a lograr un vehículo anfibio “de verdad”, con capacidad para alcanzar una velocidad máxima de 320 km/h en tierra y 80 kilómetros por hora sobre el agua.
A ningún anfibio puede acusársele de ser muy convencional, pero, seamos justos, al Landshark (literalmente, “tiburón de tierra”) menos que a ninguno. Se trata de un triciclo —dos ruedas delante y una detrás— triplaza, al que su propio creador califica de “cruce entre un coche, una motocicleta, una lancha de propulsión a chorro y un hidroplano”. En tierra, la tracción está encomendada a la rueda trasera. En el agua, la misma rueda aspira agua para expulsarla hacia atrás por una tobera dirigible, a la manera de un jetski. En cuanto la velocidad de navegación aumenta, el Landshark planea sobre los guardabarros delanteros, que, una vez bajados, actúan como las aletas de un hidroala.En el agua, uno de los lados de la rueda absorbe agua para enviarla al disco de la llanta, que actúa como una turbina centrífuga. Ésta, a su vez, la dirige hacia una cámara de presión, que empuja el líquido elemento hacia la tobera trasera. La fuerza motriz estaría a cargo de un motor de motocicleta de gran cilindrada: para el primer prototipo se habla del de una Honda Blackbird de 1,1 litros. Como en un jetski, la tobera orientable actúa como timón y marcha atrás, y, al igual que en los motores a reacción, también como freno.
El proyecto, según su propio creador, no pretende inventar nada nuevo, sino aplicar y combinar técnicas ya conocidas para sacarles más rendimiento. En este sentido, el Landshark es un anfibio que nada tiene que ver con un GPA, un VW Schwimmwagen o un Amphicar, en la medida en que sus prestaciones en ambos entornos (tierra y agua) son sobresalientes. Mucho tienen que ver en ello los avances recientes en materiales. Con la honrosa excepción del Typ 128/166 de Porsche, el patrón para diseñar anfibios parece anclado en estructuras pesadísimas, muy poco marineras, con cuatro ruedas insertadas bien adentro de un casco que recuerda vagamente al de un barco. Esta configuración limita considerablemente tanto las aptitudes ruteras como las de navegación. En el Landshark, en cambio, el cuidado estudio de las formas, la ligereza de la fibra de vidrio y los materiales compuestos y la enorme eficiencia y potencia específica de un motor de motocicleta se alían para garantizar unas prestaciones más que sobresalientes. Además, al ser un triciclo, el conjunto no necesita de un bastidor que combata grandes esfuerzos de torsión.
Para este vehículo se podrán utilizar motores de entre 400 y 1.100 centímetros cúbicos. Según los cálculos de Baker, con un motor de 900 centímetros cúbicos las prestaciones se equiparan con las de un Ferrari, pero con unos gastos de mantenimiento inferiores a los de un Citroën 2CV.De lo ambicioso y complejo del proyecto Landshark (en inglés, literalmente, “tiburón de tierra”) dan fe los organismos que se han interesado en él. Desde 1997, Baker tiene el apoyo de DERA, que es la agencia gubernamental británica para investigación en proyectos de defensa. También DARPA, el organismo oficial estadounidense que se dedica a los mismos temas (y cuya primitiva red de datos, DARPANET, estuvo detrás del nacimiento de Internet) se ha puesto en contacto con Baker. Incluso un oficial de alto rango de operaciones especiales de la Armada de los EEUU ha puesto sus miras en este singular programa. La razón es sencilla: un vehículo como el Landshark es idóneo para, transportado en helicóptero, acercarlo al teatro de operaciones de una misión de los SEAL, y ser utilizado allí para “infiltración y exfiltración” de agentes y fuerzas especiales y otras “operaciones no estándar”. Tanto DERA como DARPA se han gastado una buena cantidad de capital (300.000 libras) estudiando la viabilidad de la idea, y han confirmado su potencial.
Baker ha decidido dividir la concepción de su anfibio en tres etapas: 1) desarrollo de la teoría y del diseño detrás de su idea 2) montaje de un prototipo de velocidad para mostrar cómo funciona el coche y 3) comienzo de la producción basándose en los pedidos. De esta manera busca interesar a varios accionistas que adelanten el capital necesario para poner en marcha propiamente el proyecto. Los primeros prototipos de forma se están llevando a cabo con ayuda de Lotus Engineering, una de las ramas del Group Lotus y socio tecnológico de la empresa (¿acaso no tenía el comandante Bond un Lotus Esprit que también era submarino en “The Spy who Loved me”?)
El siguiente paso es crear un prototipo funcional a escala 1:3 y realizar las pruebas aerodinámicas e hidrodinámicas pertinentes. El gran salto será el primer prototipo a escala real, con el que se pretende batir el récord de velocidad en el agua y, con la publicidad así generada, atraer el interés de la industria.Baker calcula un precio por unidad de unas 10.000 libras, es decir, unos 17.000 euros (2.850.000 pesetas) y con unos objetivos de venta más bien reducidos: 10.000 unidades al año. Es lo que vende Dutton, el único fabricante de anfibios para el público de cierto éxito (su principal producto es una versión “acuatizada” del Ford Fiesta de tercera serie, el Dutton Mariner, y su variante 4x4, basada en el Suzuki Samurai).
Además de su aspecto anfibio, el Landshark, por otra parte, es un vehículo de altas prestaciones per se, sobre todo en carretera. Puede desempeñar a la perfección el papel de un deportivo, y es perfectamente imaginable su participación en series o campeonatos específicos. Además, como apunta su creador, el carácter “navegable” del aparato le confiere una especial distinción y lo hace atractivo incluso si nunca se llega a introducir en el agua, un poco como ocurre con los automóviles de tracción a las cuatro ruedas que no salen jamás del asfalto.
Y, a nuestro entender, la jugada magistral de Baker consiste en haber interesado a los ministerios de Defensa. Aunque las adquisiciones por parte de los ejércitos a veces tardan en materializarse, suelen dejar pingües beneficios. Y dentro del clima actual de rearme de EEUU y la OTAN, ¿qué mejor que un aparato tan polivalente, atractivo y tan sofisticado que parece digno de Q, el maestro armero del agente 007 James Bond?






