Where were you in ‘62? American Graffiti
American Graffitti (traducible como “pintadas americanas”) cubre unas doce horas de la vida de unos adolescentes estadounidenses en el verano de 1962. Es una película sobre el tránsito de la adolescencia a la madurez con un trasfondo de coches y música rock & roll y rhythm and blues, filmada once años después de la época en que se supone se sitúa la acción.
Como se verá, el contraste entre la América desengañada de 1973 y la América optimista de 1962 es imprescindible para entender la significación y el éxito de la película. Su director, George Lucas, es ahora más conocido como el creador de éxito de StarWars (1977) y es uno de los tres niños bonitos del Hollywood de los setenta, junto con Steven Spielberg y Francis Ford Coppola: por cierto, los tres son amigos. Estos tres compadres han conseguido, más o menos, hacer un cine comercial y, hasta cierto punto, de autor (aunque en el caso de Lucas esta afirmación sea un poco discutible).
George Lucas
Según el propio Lucas, la película está basada en sus propias experiencias de juventud en su pueblecito natal (Modesto, en California). Su opera prima de 1970, THX 1138 —recuerden ese título—, es una fantasía distópica protagonizada por Robert Duvall, de gran elegancia visual, sobre un futuro dominado por ordenadores y robots.
Ahora bien, en Lucas hay un antes y un después de American Graffitti. La película que nos ocupa costó en 1973 sólo 750.000 dólares... pero generó ganancias de 55 millones de dólares. Tras este éxito, Lucas pudo ponerse a preparar StarWars y toda su marea de secuelas, trilogías, prequels y merchandising de todo tipo que lo convirtió en un magnate de órdago. Como para hacer StarWars tuvo que aprender bastante sobre efectos especiales, Lucas fundó Industrial Light & Magic, la empresa de efectos que está detrás de la mayoría de las grandes producciones americanas. Y también creó, con ayuda de los laboratorios Dolby, un estándar de reproducción de sonido espectacular para salas de cine, THX (¿les suena de algo?). Lucas participó asimismo en la aventura de Coppola de crear una productora de cine más o menos independiente, American Zoetrope. La productora del propio Lucas es Lucasfilm Ltd.
Para varios críticos cinematográficos existe un continuum de temas entre American Graffitti y StarWars: la juventud como paraíso perdido, el enfrentamiento del mundo de los adolescentes contra el de los adultos, asumir la propia madurez… e, incluso, el propio personaje de Harrison Ford en ambas películas.
Hasta qué punto el cine de Coppola, Spielberg y Lucas está relacionado queda claro en unas declaraciones de este último: la presión de sus colegas para crear algo menos frío que THX 1138 le hizo pensar en hacer esta película (un retrato generacional, a la postre), otra que sería una gran historia épica y mitológica (StarWars) y una “serie para la tarde de los sábados” para niños (las películas de Indiana Jones).
Para Lucas, “American Graffitti trata de los desafíos y riesgos de dejar el hogar y tu ciudad natal y lanzarse al mundo” (entrevista de Veronica Mixon para The Film Gazette).
El argumento
Un grupo de amigos se reúnen en el último verano antes de ir a la universidad. La historia, en realidad, se divide a través de pequeñas subtramas, como se verá. Terry el Sapo Fields (Charles Martin Smith) se pasa la noche intentando impresionar a una rubia platino, Debbie (Candy Clark). Curt Henderson (Richard Dreyfuss) reflexiona sobre qué va a hacer de ahora en adelante (además de ayudar a arrancar el eje trasero de un Ford del ‘62 de la policía con la banda de los Pharaoahs y preguntarse todo el tiempo quién es la rubia que va en un Thunderbird). Steve (Ron Howard) y su novia Laurie (Cindy Williams) se plantean hacia dónde va su relación. John Milner (Paul Le Mat) se ve obligado a acompañar a una cría y a enfrentarse a un forastero, Bob Falfa (Harrison Ford) que pretende sustituirle como el hotrodder más rápido de la zona. Cuando la noche acabe, todos ellos habrán aprendido, decidido o encontrado la respuesta que necesitaban para empezar a entrar en la madurez. Steve decide quedarse en el pueblo con su novia, Curt se va, Milner se enfrenta a Falfa en la carretera y le gana (Falfa pierde el control del coche, que se estrella y empieza a arder). Y no sabemos nada de la rubia.
La música
La banda sonora de la película la forman nada menos que 40 canciones de la época, que son los temas que Jack Wolfe Wolfman (Terence McGovern), el disc-jockey de la emisora del pueblo, pone en el aire. Se oyen, por ejemplo, Rock Around the Clock Tonight (Bill Haley and the Comets), Sixteen Candles (The Crests), That´ll Be the Day (Buddy Holly), Smoke Gets in Your Eyes (The Platters), Book of Love (The Monotones), The Great Pretender (The Platters), Johnny B. Goode (Chuck Berry), You’re Sixteen, You are Beautiful and You are Mine (Johnny Burnette), Love Potion No. 9 (The Clovers), Only You (The Platters)...
Y los coches, claro...
El verdadero protagonista visual de la película es un Ford Deuce coupé “cinco ventanas” de 1932, convertido en un espectacular hotrod por Milner. Va pintado en un violento amarillo que hace comentar a Falfa que es “amarillo orines” (piss yellow). Uno de sus detalles más espectaculares es el V8 al aire que va situado detrás del radiador, con sus culatines de aluminio, colectores especiales, carburadores Rochester... El pomo del cambio tenía forma de pistón, y la matrícula era THX 138 (¿les suena? se dice que es una superstición de Lucas colocar en sus filmes referencias a la película anterior).
Su gran rival, aunque con mucho menos tiempo de pantalla hasta la escena final del duelo en Paradise Road, es el Chevrolet de 1955 de Falfa. En este caso lleva unos enormes neumáticos traseros y multitud de cromo. Como era de esperar, del retrovisor cuelgan unos dados de peluche... que luego aparecerán brevemente en el Millenium Falcon pilotado por el Han Solo de StarWars.
Digno de mención es también el Mercury lead sled (hotrod rebajado en altura, con ventanillas muy recortadas hasta que casi semejan ranuras) de los Faraones. Otro coche que sale una y otra vez es el Ford Thunderbird convertible blanco pilotado por la misteriosa rubia ( interpretada por Suzanne Sommers)
Al final de la película llega a verse el coche personal de Curt, que como corresponde a un medio intelectualillo es un ¡Citroën 2CV!
Se utilizaron más de 300 coches de la época.
Cruisin’
To cruise es un verbo inglés que designa toda una tradición iniciática para la juventud estadounidense: pasearse lentamente por la calle mayor del pueblo en un coche más o menos decente, y cuanto más “molón” mejor. Claro que el concepto de “molón” puede ser el de “bad, bad” como el negro Chevy ’55 de Falfa, o “de carreras” como el Ford ’32 de Milner, o “elegante” como el T-Bird de la rubia.
La filmación en Petaluma
Muchos exteriores e interiores se localizaron en el pequeño pueblo de Petaluma, incluida la escena del duelo en Paradise Road (Frates Road, al este de Petaluma), la emisora de radio de Wolfman, la escena del coche de la policía... Hasta las escenas del instituto se filmaron en un centro de la localidad.
Como ya hemos dicho, la película sólo costó 750.000 dólares (de 1972), y el rodaje sólo precisó de 25 días. Por cierto que Coppola utilizó el mismo pueblo muchos años más tarde para situar Peggy Sue se casó y Tucker.
El Mel’s Drive-in Diner
Una de las imágenes más famosas del filme es Mel´s Drive-in, un diner o restaurante de carretera atendido por camareras que calzan patines. Mel’s se ha transformado ahora en toda una atracción turística que vende recuerdos, modelos, camisetas, videos, discos, etcétera, relacionados con la película. Este no es un caso único y limitado a Mel’s. Existe, por supuesto, toda una industria relacionada con American Graffitti, desde empresas que venden réplicas del coupé de Milner hasta ediciones especiales en VideoDisc, DVD, y videocassette, CD y cintas con la banda sonora, etcétera. Ertl, Franklin Mint y Revell/Monogram venden también pequeños modelos del Ford ‘32 “amarillo orines” (Canary Yellow)
El porqué de tanto éxito
Por casualidad o no la película estaba situada en una época muy precisa: el verano de 1962. Ninguno de aquellos adolescentes había vivido la guerra de cerca. Kennedy no había muerto, y Vietnam era una realidad muy difusa (el incidente del buque Pueblo, que inició formalmente la implicación de EEUU en el conflicto es de 1961, pero el envío masivo de tropas no se da hasta 1965 y alcanza su apogeo en 1967). Estados Unidos todavía vivía la bonanza económica heredada de la Segunda Guerra Mundial. El gobierno se permitía una apertura sin precedentes: la “Nueva América”, el “Peace Corps”, el espíritu de la “Nueva Frontera”, el inicio del programa espacial para poner un hombre en la luna antes del final de la década... Al mismo tiempo, se iniciaban los movimientos de los derechos civiles, la libertad sexual, y se consolidaba una nueva forma de música popular, el rock, que bebía de la música negra (sobre todo, el rhythm and blues y el jazz). América vendía con éxito sus productos en todo el mundo y el país iba, literalmente, sobre ruedas. La gasolina se vendía menos de treinta centavos de dólar por galón. Es la época en que empiezan a generalizarse los grandes motores V8 y los grandes, grandes coches de enormes aletas, cromados, parabrisas envolventes, etcétera. Vivían una era optimista que no hacía presagiar el infierno que traería la segunda mitad de los 60 y que se extendería a los 70: asesinato de John Kennedy, de Martin Luther King y de Bob Kennedy, el desastre americano en el sudeste asiático, el Watergate y su crisis institucional, la crisis del petróleo... American Graffitti nos muestra el final de una forma de ver la civilización, la última noche del sueño americano antes de la pérdida de la inocencia.
Como ya hemos comentado en estas páginas, este “paraíso perdido” ha hecho que todos los baby boomers, los coetáneos de los hechos narrados, nacidos todos ellos en la explosión demográfica de finales de los cuarenta, se dediquen ahora a buscar revivir aquellos años como sea. La película supuso el nacimiento de toda una industria dedicada a los hotrods, que hoy mueve miles de millones de dólares entre personas de mediana edad y buena situación económica. Parecido es el resurgir de Harley-Davidson entre los nuevos-viejos motoristas, o las tendencias de diseño “retro”. Tom Gale, el diseñador jefe del Prowler, el Viper y el PT Cruiser, es un aficionado a los hotrods y los musclecars, y tiene, más o menos, la edad de Lucas.
¿Qué fue de aquellos que participaron en American Graffitti?
La carrera de Lucas y Harrison Ford es bien conocida. Dreyfuss fue después el biólogo marino de Tiburón y el actor de La chica del adiós antes de iniciar un particular descenso a los infiernos del que no se recuperó hasta hace diez años. Ron Howard, exniño prodigio, se dedicó a la dirección: su primera película fue Willow, pero la que le ha hecho famoso es Apollo XIII. Por último, Paul LeMat estuvo en el primer título, Radio On, del famoso director de El silencio de los Corderos, Jonathan Demme. Otros actores y actrices, menos conocidos en España, hicieron fortuna en la televisión estadounidense.
¿Qué fue de los coches de la película?
Tras varias giras de promoción y un tiempo que pasó exhibido al público, el Ford 32 coupé participó en 1979 en la perfectamente olvidable More American Graffitti (donde Lucas sólo escribió el guión), y luego languideció durante años en un almacén de Universal. Al final se vendió el coche a la misma persona que había rescatado el Chevy ‘55 del personaje de Falfa, Steve Fitch, que, tras restaurarlo, se lo vendió a Rick Figari, su actual dueño.






