Cien años de bujías Bosch
La chispa de la vida
La firma de stuttgart, hoy un socio tecnológico de primer rango para toda la industria de automocióN europea, celebra ahora el centenario de uno de sus productos más humildes y más extendidos: la bujía.
Es el ABC de cualquier aficionado a la automoción: para que un motor de ciclo Otto funcione se precisan tres elementos básicos: una mezcla calibrada de aire y combustible, la compresión de esa mezcla y una chispa para iniciar la combustión.
En los albores de la automoción, el encendido utilizaba soluciones de lo más singular: por ejemplo, unos tubos incandescentes de platino que se calentaban desde fuera. El siguiente paso fue la utilización del disyuntor y magneto de baja tensión. Bosch inició sus actividades de automoción precisamente con el diseño y producción de estos equipos. Y, claro está, también cupo a su empresa llevar a cabo el primer sistema de encendido realmente eficaz: la combinación entre la magneto de alta tensión y la bujía conseguían resolver los problemas de encendido de la mezcla que hasta ahora habían demorado el desarrollo del motor de explosión de Benz. La patente del sistema fue registrada en Stuttgart el 7 de enero de 1902: y los primeros componentes plenamente operativos se entregaron a Daimler-Motorengesellschaft el 24 de septiembre de aquel año. A partir de los años treinta, la magneto de alta fue sustituida poco a poco en los automóviles (hoy sobrevive en aviones, motocicletas y segadoras como plato magnético) por el encendido por batería y distribuidor, el Delco (que debe su nombre a una subsidiaria de General Motors), pero la humilde bujía sigue entre nosotros, y sus principios de básico funcionamiento y fabricación siguen siendo más o menos los mismos que cuando Robert Bosch aún no peinaba luengas barbas.
Robert August Bosch nació en 1861 en Abeck , cerca de Ulm. De muy joven trabajó de aprendiz en una fábrica, pero como era de carácter inquieto emigró a EEUU, donde trabajó en la empresa de Edison: como si hoy un chaval decidiera ir a trabajar a la NASA. Con lo que allí aprendió volvió a Alemania y estableció un taller eléctrico en Stuttgart. Además, empezó a inventar cosas (en 1887 creó la magneto de baja). La demanda de este sistema de encendido motivó el despegue de la empresa, hasta el punto de que en 1901 ya contaban con una fábrica atendida por 45 empleados. Un estrecho colaborador de Bosch, Gottlob Honold, simplificó y mejoró la magneto de su jefe. Es este nuevo desarrollo, el que, combinado con la bujía, hizo posible que el motor de cuatro cilindros alcanzara regímenes de funcionamiento más altos. Para 1914 Bosch ya estaba construyendo su primera fábrica dedicada en exclusiva a la bujía... en Stuttgart, por supuesto.
El desarrollo de la bujía empezó por lograr aislantes eficaces y duraderos, pero paralelamente también se mejoró el electrodo: al principio se utilizaba una aleación de níquel, pero las exigencias de los motores pronto crearon otros con aleaciones de plata, platino y oro-paladio.
Porque si hay algo de lo que no puede acusarse a Bosch —ya sea la empresa o su fundador— era la pasión por la investigación. Hasta su muerte en 1942, Bosch siguió de cerca los nuevos desarrollos e innovaciones que iba creando su firma. Y éstas no paraban. Hacia 1927 la variedad de motores en el mercado motivó que Bosch ofrecieera bujías estándar de grados térmicos específicos, es decir, capaces de ceder calor más o menos rápidamente entre cada combustión.
Las buenas ventas y el desarrollo de la industria obligaron a abrir una nueva planta en Bamberg, en 1939. Desde entonces Bosch ha fabricado más de 7.500 millones de bujías de 20.000 modelos diferentes. Hoy se ofrecen unos 1250 modelos distintos basados en 26 tipos básicos de electrodos. Su duración oscila entre los 30.000 kilómetros y los 100.000, si son bujías especiales. Con cinco fábricas (una todavía en Bamberg) la empresa fabrica unas 350 millones de unidades anuales que son equipo original en casi 30 marcas de automóviles.
Robert Bosch AG, sin embargo, es algo más que bujías. A diferencia de otros proveedores de componentes fatalmente especializados, Bosch no sólo ofrece algunas de las mejores piezas de electricidad de automoción del mercado, sino que lleva a cabo investigación fundamental sobre el automóvil, hasta el pundo de que gran parte de las más significativas innovaciones y desarrollos técnicos de los últimos años son desarrollos suyos: desde el ABS hasta las centralitas digitales de control del motor Motronic, pasando por la inyección electrónica de combustible o las bombas de inyección directa diesel tan de moda últimamente.






