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Bugatti Pursang
Renacer en Paraná
¿Cuántas veces ha resucitado Bugatti? Pues cuatro veces. La primera a mediados de los años cincuenta, cuando se intentó reiniciar la producción de deportivos. La segunda a finales de los años ochenta, cuando Romano Artioli y un grupo de financieros,
con más entusiasmo que fortuna, decidieron  poner en la calle el EB110. La  cuarta y más reciente —un empeño al parecer mucho más serio y duradero— cuando Ferdinand Piëch decidió añadir una marca más al ilustre medallero del Grupo VAG.
¿Y LA TERCERA?

Pues cuando Jorge Anadón empezó a hacer réplicas perfectas de Bugatti 35 en la provincia de Paraná, allá en la Argentina.
Pero vayamos al principio. Leónidas Jorge  Anadón está enamorado de los automóviles desde que tenía 15 años. Su vida la ocupaba montando, desmontando, modificando y reparando automóviles de todos tipos. El primer "paciente" fue un coche que le regaló su padre, allá por el año 1963. Por lo tanto, hasta bien entrada la década de los setenta, Anadón se dedicó a la restauración. Su primer trabajo de entidad fue revivir un Packard de 1930 que le pasó un amigo. Tras dejarlo tan nuevo como si acabara de salir de fábrica, Anadón  comprendió  que ésa  sería a  partir de entonces su vocación. Así, el amplio aprendizaje adquirido durante estos años empleados en la "resurrección" de viejas glorias de la automoción le posibilitó, a partir de 1987, crear piezas únicas, coches fabricados por encargo que exportaba a todo el mundo. A la vez, no descuidaba el negocio de la restauración.
Anadón se planteó en la década de los 90 llevar a cabo la recreación —más allá de una simple réplica— de uno de los coches que siempre ha admirado: el Bugatti Type 35B. Para  enfrentarse a este proyecto, en una primera etapa trató de acumular la mayor cantidad posible de documentación, desde planos  a fotos, pasando por fichas técnicas y todos los datos posibles.

Pero no fue hasta que una aficionada a la marca le ofreció  en préstamo un 35 desarmado que pudo empezar a avanzar sobre terreno seguro. El acuerdo era el siguiente: Anadón podría investigar el 35 a placer a condición de devolverlo a Inés de Sánchez Ortega restaurado y funcionando. Se desmontó el coche por completo —1.300 piezas en total— lo que permitió obtener moldes, matrices, dimensiones y tolerancias de todos los componentes.  ¡Hasta la tornillería patentada por Bugatti fue cuidadosamente examinada  y medida para su posterior reproducción!
En Pursang insisten en que llevar a buen término este empeño en Argentina no fue fácil. A favor está una tradición "tuerca" (localismo argentino traducible por "aficionado al deporte del motor") de gran tradición y solidez, así como una legión de verdaderos artesanos que saben manejar a la perfección un torno, una plegadora  o  cualquier otra máquina-herramienta de trabajo manual. El coste por hora de todos estos trabajos —en su mayoría saberes que se han ido perdiendo ya en Europa—  es mucho menor que en EEUU, Francia o Gran Bretaña. En el debe, sin embargo, está la dificultad de conseguir información o ciertas materias primas (aleaciones, por ejemplo) de gran calidad.
Aún así, Anadón se gastó unos 800.000 dólares (unos 150 millones de pesetas) en poder poner en marcha la empresa. La inversión la financió con sus ahorros de toda una vida como restaurador y algunas aportaciones de amigos.

El primer Bugatti réplica fue terminado en noviembre de 1996. Se presentó al público en 1997 en Bariloche, donde participó en las 1000 Millas Argentinas junto a su gemelo, el 35B de los Sánchez Ortega.
Desde entonces PurSang no ha parado. La mayoría de sus creaciones están en la vieja Europa, algunos en EEUU y sólo tres en Argentina. Un detalle de importancia es que sus réplicas son muy bien apreciadas por los propios dueños de Bugattis reales, que  pueden utilizar el "doble" de PurSang para revivir la experiencia de conducir un Bugatti sin arriesgar sus espléndidas máquinas.

Pursang también recrea la Bugattina Type 52  y un Bugatti Brescia para niños, que pueden moverse a pedales o por motor eléctrico. Dentro de esta gama de productos para infantes con posibles se  encuentra  también un Ferrari Testa Rossa.  El precio de estos coches "para chicos" es de unos 5.000 dólares (entre 800.000 y 1.000.000 de pesetas).Y, además de los "productos especiales", entre los que se encuentran creaciones a medida para aquellos clientes que así lo soliciten (por ejemplo, automóviles fabricados con tecnología y estética de los años treinta pero de  creación propia), la empresa ha emprendido la re-creación de cincuenta y cuatro unidades del Cisitalia D46 de Gran Prix de 1946 por encargo de la propia Cisitalia y  sus  actuales propietarios, los hijos de Piero Dusio (Máximo e Italo). Pursang también vende  acuarelas —de tema automovilístico, claro— y una réplica de una herramienta Bugatti muy especial: la mordaza original Bugatti.

Negocio familiar
Como buen negocio artesanal, la estructura de Pursang es cuasifamiliar. La distinción entre dueños y empleados prácticamente no existe. Jorge Anadón, su esposa Virginia y su hija Valentina se ocupan al alimón de las ventas y las relaciones con el exterior. Por su parte, las quince personas que trabajan en labores mecánicas son capaces de montar un 35B en 45  días partiendo desde cero —desde la estampación de los largueros hasta la puesta a punto final del motor (la "cadencia de producción" se va volviendo paulatinamente más rápida: hace dos años eran necesarios dos meses por coche). Junto a Anadón trabajan  maestros artesanos como Rubén Ursprung — que lo acompaña desde hace más de 22 años: es el empleado más antiguo de la empresa — o José Befani. De Befani dicen en Pursang que es el empleado más minucioso  que tienen: no en vano se encarga de hacer a mano los radiadores, lo que supone soldar los tres mil tubitos del  panal.  Otros cuatro empleados, más jóvenes, simultanean su trabajo con estudios en la Universidad —de hecho, uno de ellos está a punto de licenciarse en ingeniero—. De los motores se encargan exclusivamente otros miembros de la plantilla  —padre e hijo. La chapa es obra de Daniel Span, y el trabajo de tornería lo llevan a cabo tres personas. Pursang cuenta además con la ayuda de la Universidad Tecnológica Nacional, que les ayuda a conseguir estándares de aleaciones, durezas y cementados idénticos a los  utilizados en Molsheim hace ya setenta años.
La mayoría de los pedidos de Bugatti se llevan a cabo mediante un representante en Estrasburgo, con el que se entró en contacto durante la muestra Retromobile de 1997. Pero Pursang  ya tiene delegados en California  y  en Texas y Florida.

Es evidente que los Pursang 35B son  una obra de cariño y trabajo especialísimo. Una extensión de este tratamiento es la atención que se brinda a los posibles clientes. El  taller está situado en la casa de la propia familia Anadón,Villa Lola, que cuenta con unas dependencias para hospedar a los visitantes que de todo el mundo vienen a admirar y adquirir sus excepcionales trabajos.

01.02.2002 Emilio Seoane
 
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